lunes, 28 de enero de 2013

LA SOLEDAD, UN FACTOR DE MAL PRONÓSTICO EN MELANOMA

El espesor es el factor pronóstico más importante en el melanoma cutáneo. Afortunadamente hoy en día muchos melanomas se diagnostican y extirpan con un espesor inferior a  1 mm, que se asocia a una expectativa de curación en el entorno del 95%. Pero por cada milímetro adicional de espesor en un melanoma la mortalidad aumenta un 10-15%. Esto justifica la importancia de su diagnóstico precoz.

Me parece interesante comentar un estudio francés recientemente publicado en Archives of Dermatology, en el que revelan que uno de los factores asociados a padecer melanomas con espesor igual o superior a 3 mm es vivir en soledad. Tiene bastante lógica. En mi propia experiencia hay otro factor asociado a presentar melanomas gruesos de mal pronóstico, y es que el propio melanoma sea una lesión solitaria, se desarrolle en un paciente sin apenas más lunares.

Que el melanoma se desarrolle en solitario plantea un primer problema: los pacientes con múltiples lunares suelen estar advertidos del problema del melanoma y se vigilan por ello. En ellos es más frecuente el melanoma, pero su vigilancia (de gran precisión si se efectúa con dermatoscopia digital) nos lleva a detectar el tumor muy precozmente, con poco espesor y muy buen pronóstico. Sin embargo, las personas que apenas tienen lunares suelen tener escasa información sobre el melanoma y nula conciencia de que puedan llegar a ser víctimas del mismo. El melanoma en personas con pocos lunares es menos frecuente, pero cuando ocurre su diagnóstico suele ser más tardío, su espesor más elevado y el pronóstico es malo. En su inicio el melanoma se desarrolla en la piel sin producir molestias. Por ello, si aparece en una zona poco accesible a la vista, un paciente que no revise su piel con regularidad y meticulosidad puede tardar tiempo en advertir el problema.
De hecho, en muchos casos no es el paciente el que advierte el problema, sino algún familiar o alguien que convive con el paciente y tiene la oportunidad de ver regularmente zonas de la piel que no nos vemos fácilmente, como la espalda (por otra parte, la localización más habitual del melanoma). Por ello no es de extrañar que vivir sólo se asocie a melanomas más gruesos, que han tardado más en ser diagnosticados. Cuando esperamos a que un lunar nos llame la atención por molestias o sangrado para verlo como problemático y consultar por ello generalmente se trata de un melanoma grueso y de mal pronóstico.

Las conclusiones son obvias: debemos vigilar nuestra piel con regularidad en búsqueda de algún lunar sospechoso (regla ABCDE) aunque apenas tengamos lunares, y debemos acudir al médico con regularidad y solicitar una exploración sencilla pero global de nuestra piel si no tenemos a nadie en nuestro entorno que nos pueda ayudar en esa tarea de “autovigilancia”. Si se descubre alguna lesión sospechosa, consultar inmediatamente al dermatólogo.

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