VIGILANCIA DE LOS LUNARES: ¿POR QUÉ, A QUIÉN, CÓMO?

Los lunares deben vigilarse porque son marcadores de riesgo de melanoma (a más lunares, más riesgo), son simuladores de melanoma (algunos lunares atípicos son difíciles de distinguir de un melanoma incipiente) y son precursores de melanoma (alrededor del 50% de los melanomas aparecen sobre un lunar previo que se maligniza). Esta vigilancia es importante en la medida en que el melanoma diagnosticado precozmente se cura casi siempre y diagnosticado más tarde produce metástasis con facilidad y pone en serio peligro la vida del paciente.

Se suele poner más énfasis en la vigilancia de las personas con mayor número de lunares (figura 1). Sin embargo, todos deberíamos prestar cierta atención a nuestros lunares, a los que ya tenemos o a los que nos vayan apareciendo a lo largo de la vida. De hecho, es llamativo que muchos de los melanomas que diagnosticamos en personas que apenas tenían más lunares  (figura 2) suelen ser más grandes y con peor pronóstico que los que detectamos en personas con muchos lunares.  La razón es que con frecuencia quienes tienen muy pocos lunares tienen poca información al respecto y no se los vigilan. Si tienen la mala suerte de presentar un melanoma, su diagnóstico suele ser más tardío, a pesar de que en teoría debería ser al contrario. Quienes tienen muchos lunares tienen más riesgo de padecer melanoma, pero suelen vigilarse regularmente, lo que facilita su diagnóstico más precoz y con mejor pronóstico.


La vigilancia de los lunares puede hacerse a simple vista por el propio paciente (autovigilancia), con ayuda de fotografías convencionales de los lunares, con dermatoscopia manual en una consulta de dermatología convencional o con dermatoscopia digital en una consulta de dermatología especializada en el seguimiento de pacientes de riesgo de melanoma. Elegir una u otra opción dependerá de si se tienen pocos o muchos lunares y de si éstos son más o menos atípicos, así como de la presencia de otros factores de riesgo para melanoma, en particular que haya antecedentes familiares o personales de melanoma. Si el paciente opta por la autovigilancia, debe prestar atención a la presencia de lunares con características ABCD-E (asimetría, borde irregular, color no homogéneo o muy oscuro, diámetro mayor de 6 mm, evolución o cambios en el lunar). En pacientes con muchos lunares atípicos es razonable combinar varias estrategias, por ejemplo autovigilancia cada 3 a 4 meses (chequeo sencillo en busca de algo sospechoso y llamativo en algún lunar) y control con dermatoscopia digital cada 9 a 12 meses, en el que se buscan cambios más sutiles e incipientes que no se apreciarían a simple vista. Con independencia del número y tipo de lunares que se tenga y del tipo de vigilancia que se les haga, cualquier persona debe saber que si un lunar presenta cambios o síntomas llamativos e injustificados debe ser evaluado de forma inmediata por un dermatólogo. Si el dermatólogo es experto en dermatoscopia, su precisión diagnóstica suele ser mayor en estos casos.

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