DIAGNÓSTICO PRECOZ DE MELANOMA: COLABORACIÓN NECESARIA ENTRE DERMATÓLOGOS Y MÉDICOS NO DERMATÓLOGOS

El pasado viernes 15 de febrero impartí en la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo (ENMT) la tercera edición del “Curso de Introducción a la Dermatoscopia para Médicos del Trabajo”. Cuando a finales del 2010 se dirigieron a mí desde la ENMT para organizar la primera edición de este Curso, mi primera reacción fue de cierta sorpresa. Pero esta petición estaba llena de lógica.
Muchos melanomas, con frecuencia localizados en la espalda, se diagnostican “al auscultar al paciente”. El paciente acude a su médico por cualquier otro motivo, o simplemente para un examen de salud rutinario, como los que a menudo se realizan en el contexto de la medicina laboral. El paciente se descubre y deja a la vista una lesión cutánea pigmentada que a lo mejor no había llamado su atención hasta ese momento, o no la había considerado problemática (figura 1a). Si esa lesión es un melanoma incipiente, una correcta valoración de la misma por el médico no dermatólogo y su remisión inmediata a un dermatólogo pueden ser claves para solucionar fácilmente un problema que diagnosticado más tarde podría suponer una amenaza para la vida del paciente. Y si la dermatoscopia (figura 1b) puede ofrecer una ayuda diagnóstica en este contexto al médico no dermatólogo interesado en la técnica, es lógico que nos demande una formación básica en la misma, y es un placer poder ofrecérsela.


Ya en 2006 un estudio publicado en Journal of Clinical Oncology (con participación relevante de dermatólogos de Hospital Clinic de Barcelona) revelaba la utilidad de una formación básica en dermatoscopia para mejorar la precisión diagnóstica en el cribado del cáncer de piel por médicos de atención primaria. Y un estudio francés recientemente publicado en British Journal of Dermatology aporta una serie de 898 melanomas, de los que 376 (42%) fueron diagnosticados por médicos generales. Iniciativas como la de la ENMT pueden contribuir sin duda a facilitar el diagnóstico precoz del melanoma en un contexto asistencial no dermatológico. Y también pueden contribuir a reducir algunas derivaciones innecesarias al dermatólogo, ya que la dermatoscopia permite reconocer como claramente benignas algunas lesiones pigmentadas dudosas a simple vista. No olvidamos transmitir las limitaciones de la técnica, en parte condicionadas por la experiencia que cada uno acumula en la misma. El médico no dermatólogo debe aprender a reconocer aquellos casos donde la dermatoscopia aumenta su fiabilidad diagnóstica y aquellos otros en los que debe recabar la opinión de un dermatólogo. En último término, también procuramos transmitir en este Curso la importancia del médico no dermatólogo para recordar a todos sus pacientes algunas normas básicas sobre medidas de protección solar y autovigilancia de los lunares. Su apoyo también es muy útil para derivar al dermatólogo a aquellos pacientes con un número muy elevado de lunares, con lunares atípicos y/o con otros factores de riesgo de melanoma. Muchos de estos pacientes pueden beneficiarse de un seguimiento con dermatoscopia digital en Unidades de dermatología especializadas.

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