viernes, 29 de noviembre de 2013

LA AUTOVIGILANCIA DE LOS LUNARES REDUCE EL RIESGO DE MELANOMA

Las personas con muchos lunares tienen mayor riesgo de desarrollar un melanoma. En ellas es aconsejable un seguimiento periódico de sus lunares por un dermatólogo y esta vigilancia es mucho más precisa si se apoya en la dermatoscopia digital. Archivando imágenes panorámicas de casi todo el cuerpo e imágenes panorámicas de los lunares más relevantes o atípicos es más fácil detectar los dos tipos de lunares más problemáticos: lunares nuevos con atipia elevada desde el principio o lunares inestables con ganancia de atipia.
 
Los exámenes exhaustivos con dermatoscopia digital solemos indicarlos cada 9 a 12 meses. Entregamos también a nuestros pacientes unas recomendaciones de autovigilancia (también disponibles en nuestra página web), y les insistimos en que si aprecian algún cambio o síntoma no justificado en algún lunar adelanten de inmediato la cita para una valoración rápida de ese lunar. En teoría, estas labores de autovigilancia deberían facilitar la detección de algunos lunares inestables que de otra forma podrían pasar desapercibidos y acabarían en melanoma, y al extirparlos reducimos el riesgo de melanoma en nuestros pacientes. ¿Es cierta la teoría?
 
Mi experiencia me indica que sí, pero es aconsejable cotejarla con los datos derivados de estudios epidemiológicos al respecto. Me han parecido muy interesantes los resultados de un estudio realizado por dermatólogos norteamericanos y publicado recientemente en British Journal of Dermatology. En este trabajo muestran una reducción en el espesor de los melanomas extirpados en personas que realizaban de forma regular una autoexploración de sus lunares. Curiosamente, no detectan una relación clara entre el espesor del melanoma y el hecho de que haya sido detectado por el propio paciente. Esto podría indicar que las personas que efectúan una autoexploración con regularidad de sus lunares están más concienciadas del problema y también visitan al dermatólogo con regularidad. Como resultado de ambas actividades (no sólo de la autovigilancia), los melanomas finalmente extirpados son detectados más precozmente, son más finos y su pronóstico es mejor.
 
Más interesante aún me parece la observación en este estudio de que la autovigilancia “reduce” el riesgo de melanoma. Que aparezcan menos melanomas en quienes más vigilan sus lunares sugiere que detectando con precisión (y extirpando) aquellos lunares más inestables (no necesariamente más atípicos) podemos evitar que finalmente se transformen en melanoma, reduciendo por ello el riesgo. Esta es una cuestión controvertida, pues implica asumir que una parte significativa de los melanomas derivan de un lunar previo. Muchos dermatólogos defienden lo contrario, que la mayoría de los melanomas lo son desde el principio y no aparecen sobre un lunar, aunque el paciente tenga muchos lunares.
 
Mi opinión, basada en más de 15 años dedicado casi en exclusiva a la vigilancia de pacientes con muchos lunares y/o riesgo de melanoma, es que la mayoría de los melanomas derivan de un lunar previo, y que la conjunción de medidas básicas de autovigilancia y un control periódico exhaustivo de los lunares con dermatoscopia digital no sólo permite detectar más precozmente el melanoma sino que reduce el riesgo de desarrollarlo, al eliminar lunares atípicos e inestables en camino de transformación a melanoma. El mejor melanoma, al fin y al cabo, es el que nunca se tiene.
 

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