miércoles, 26 de marzo de 2014

PREVENCIÓN DEL MELANOMA CON PASTILLAS: ¿MITO O REALIDAD?

Comienza la primavera. Se acercan días más largos, más horas de sol, más actividades al aire libre. Y como cada año por estas fechas, a los dermatólogos nos toca recordar los efectos nocivos del exceso de sol y hacerlo con especial énfasis en relación con el aumento de la incidencia de melanoma, el cáncer de piel más peligroso.
 
Muchas personas atienden al mensaje y asumen la necesidad de evitar el exceso de sol, pero a la vez se quejan de lo tedioso que resulta tener que aplicarse varias veces al día las cremas de protección solar. ¡Qué magnífico invento sería disponer de una pastilla que tomada una vez al día nos redujera el riesgo de padecer melanoma y nos permitiera convivir con la radiación solar de forma más relajada y despreocupada! ¿Existe una pastilla así? Aún no.
 
Recientemente un grupo de dermatólogos polacos y norteamericanos ha revisado el tema en la prestigiosa revista Melanoma Research. Lo primero que llama la atención es la gran cantidad y la variedad de fármacos que se han testado con este fin. En muchos de estos estudios no se ha ingerido el fármaco con el fin específico de prevenir el melanoma, pero se ha evaluado si el melanoma era más frecuente entre pacientes que habían tomado alguno de estos fármacos por cualquier motivo de forma prolongada frente a pacientes que nunca tomaron el fármaco, al menos de forma habitual. Lamentablemente estos estudios admiten muchos sesgos. Entre los fármacos testados se encuentran agentes que reducen la grasa en nuestra sangre (como las estatinas), aspirina y otros antiinflamatorios no esteroideos, n-acetilcisteína, vitamina D y extractos vegetales con agentes antioxidantes y otras propiedades biológicas (incluyendo flavonoides, té verde y resveratrol, entre otros muchos). Las propiedades farmacológicas más relevantes de algunos de estos agentes no tendrían nada que ver directamente con la prevención del melanoma, pero algunos de sus efectos biológicos adicionales podrían ejercer un papel preventivo a este nivel.
 
¿Podemos gritar “eureka”? De momento no. No hay datos consistentes que demuestren que alguno de estos fármacos, ingerido regularmente, nos proteja frente al melanoma. En algunos estudios el resultado es positivo, pero en muchos otros no (los estudios con resultados positivos suelen tener mayor difusión e impacto mediático, pero eso no implica una mayor calidad científica de sus conclusiones). Casi todos estos estudios contienen muchos sesgos y sus resultados no parecen reproducibles. Decía Carl Sagan (extraordinario astrofísico y excelente divulgador científico) que “la ausencia de evidencia no es una evidencia de la ausencia”, en relación a la posibilidad de vida extraterrestre. Que no podamos encontrarla no significa necesariamente que no exista. Algo similar ocurre a veces en Medicina. La demostración inequívoca de que la ingesta regular de un fármaco nos protege frente al melanoma exigiría un estudio con un diseño tan complejo, controlando tantos factores potencialmente causantes de sesgos y confusión, con tantos pacientes incluidos en el estudio y con un seguimiento tan prolongado en el tiempo que probablemente nunca pueda ser llevado a cabo. Todo sería más sencillo si el efecto del fármaco fuera tan potente que fácilmente se pusiera de manifiesto de forma repetitiva y consistente en estudios de menor envergadura. Algo así puede que exista, pero de momento no lo hemos encontrado.
 
Algunos compuestos, como el extracto de PolypodiumLeucotomos, aumentan algo la resistencia de nuestra piel a la quemadura solar. Sabemos que las quemaduras solares repetidas son un factor de alto riesgo para padecer melanoma. La ingesta regular de este tipo de productos, especialmente en verano, podría ofrecer cierta ayuda frente al melanoma, como recientemente han sugerido dermatólogos del Hospital Clínic de Barcelona, en un interesante trabajo en Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology. Pero estos resultados siempre hay que enmarcarlos en una estrategia más global y efectiva frente a las quemaduras solares, dominada por la tríada sombra-ropa-cremas solares, adaptada a las circunstancias y actividades al aire libre de cada persona. A día de hoy, en el mejor de los casos, cualquier pastilla complementa, nunca sustituye, al uso racional de estas medidas más convencionales de protección frente al exceso de sol.


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