ALCOHOL Y MELANOMA: SI BEBES...NO TOMES EL SOL

Todos hemos oído muchas veces la frase "si bebes, no conduzcas", y seguro que procuramos llevarlo a la práctica. ¿Habría alguna razón para aplicársela también a la exposición solar? Parece ser que sí.

Algunos estudios ya habían sugerido que la ingesta de alcohol aumenta la severidad de las quemaduras solares. Esto tiene en parte una explicación bioquímica, en la que no voy a entrar a fondo. Solo mencionar que algunos metabolitos del etanol tienen un efecto fotosensibilizante y pueden generar estrés oxidativo celular, lo que potencialmente podría aumentar el daño de la radiación ultravioleta sobre nuestra piel. Por supuesto, hay otra explicación más simple: en verano es frecuente que coincidan algunas actividades al aire libre con la ingesta de alcohol. Tras ello, y con "cierta alegría", es más fácil que uno descuide la aplicación de cremas solares y el tiempo de exposición al sol.

Ambos argumentos son considerados en un curioso estudio publicado muy recientemente en British Journal of Dermatology por un grupo internacional de epidemiólogos encabezados por M. Rota, de la Universidad de Milán. El trabajo es un metaanálisis en el que se evalúa la posible relación entre ingesta de bebidas alcohólicas y melanoma.
Los autores reconocen que los resultados de estudios previos son poco consistentes y por ello en su metaanálisis evalúan de forma conjunta los datos procedentes de 16 de esos estudios, incluyendo un total de 6.251 casos de melanoma. Sus resultados sugieren que la ingesta moderada a elevada de bebidas alcohólicas se asocia a un aumento del riesgo de padecer melanoma, en el entorno de un 20%.

Como los autores del estudio señalan, estos resultados hay que verlos con cierta cautela (y yo añado que probablemente una copa (¡sólo una!) de buen vino en la comida tenga para la mayoría de nosotros más beneficios que efectos adversos sobre nuestra salud, como nos recuerdan con frecuencia los cardiólogos). En cualquier caso, que en el estudio en cuestión el riesgo de melanoma sea superior en relación con una mayor ingesta de alcohol sugiere que el efecto es cierto. Pero también podría estar mediado por una asociación entre mayor ingesta de alcohol y mayor exposición solar asociada a quemaduras, que fuera responsable en buena parte del efecto observado. De hecho, los autores citan un trabajo epidemiológico efectuado en EEUU y publicado en 2006 en The Journal of the American Academy of Dermatology en el que hasta un 18% de los episodios de quemaduras solares eran puestos en relación con ingesta previa de alcohol. No tengo claro si estos datos serían extrapolables a nuestro medio y a nuestros hábitos.

Por muchas razones, ni es bueno abusar del alcohol ni son buenas las quemaduras solares y, como señala el estudio que comento, ambas circunstancias podrían incrementar el riesgo de padecer melanoma, aunque sin duda las quemaduras solares son el principal factor de riesgo evitable. La ingesta de alcohol podría aumentar algo este riesgo. Como en tantas otras ocasiones, una apelación final al sentido común. Si en pleno verano, y más aún cerca del mediodía, tenemos ocasión de disfrutar (con moderación) de la ingesta de alguna bebida alcohólica, quizás sea bueno recordarlo: si bebes, no te pongas después a tomar el sol.


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