PROTECCIÓN SOLAR Y MELANOMA: LO MÁS IMPORTANTE ES EVITAR QUEMADURAS

La relación entre la exposición solar, el uso de protectores solares y el melanoma es controvertida. La radiación ultravioleta puede dañar nuestra piel, pero también pone en marcha mecanismos defensivos para reducir el daño, y mecanismos reparadores de ese daño. Los resultados finales en nuestra piel dependen de la cantidad de radiación ultravioleta que hemos recibido y de "cómo" la hemos recibido, así como del tipo de respuesta defensiva y reparadora que nuestra piel es capaz de generar.
Esto en gran parte está condicionado genéticamente. La capacidad de broncearnos es tan sólo una parte de esta respuesta, aunque es la más obvia ante nuestros ojos.

Un estudio epidemiológico llevado a cabo en EEUU y publicado recientemente en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention muestra algunos datos que a priori nos pueden parecer paradójicos, pero que se reiteran últimamente en casi todos los estudios que se publican al respecto: la exposición solar habitual a lo largo de nuestra vida no sólo no aumenta el riesgo de melanoma, sino que incluso se asocia a un menor riesgo de padecerlo. Sin embargo, las quemaduras solares, especialmente las que hemos sufrido en nuestra infancia y juventud, claramente aumentan el riesgo de melanoma. Por lo tanto, el problema no parece estar tanto en el hecho de exponernos más o menos al sol, sino en "cómo nos hemos expuesto al sol". La exposición solar intensa e intermitente durante los periodos vacacionales en personas de piel clara que pasan el resto del año sin exponerse apenas al sol es la más peligrosa.

¿Significa esto que deberíamos intentar tomar el sol "a diario" para disminuir nuestro riesgo de melanoma? En parte sí, aunque esta afirmación exige matizaciones y cierta cautela. La exposición solar importante y mantenida en el tiempo se asocia con envejecimiento prematuro de nuestra piel, en forma de arrugas y "manchas" o lentigos solares. Y como el estudio al que me referí antes pone también de manifiesto, la exposición solar habitual se asocia a mayor riesgo de cáncer de piel distinto al melanoma. Abusar del sol no parece aconsejable en ningún caso, y si nos exponemos al sol de forma habitual hay que procurar que esta exposición sea moderada, y parece razonable recurrir a medidas de protección solar, especialmente si la exposición se produce en el entorno del mediodía.

En relación con el melanoma el principal mensaje no debe de ser "evitar el sol a toda costa", sino "evitar las quemaduras solares". Es obvio que para la mayoría de las personas cuya vida se desarrolla en un ambiente urbano no es realista tomar algo de sol "a diario". Esto aumenta el riesgo de quemaduras en periodos vacacionales breves durante el verano. El mensaje más relevante y práctico que estos estudios nos envían es que en relación con la prevención del melanoma debemos poner el énfasis en evitar las quemaduras solares, algo fácil de lograr con sentido común y con la ayuda de las excelentes cremas de protección solar actualmente disponibles. 


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