SOL Y MELANOMA: EL MENSAJE CORRECTO PROBABLEMENTE NO ES IGUAL PARA TODOS

En mis últimos posts he insistido en la importancia de evitar la quemadura solar para prevenir el melanoma. En esto todos estamos de acuerdo. La controversia surge cuando analizamos los datos que sugieren que la exposición solar habitual nos protege del melanoma, como se mencionaba en el trabajo publicado por Wu y colaboradores, ya comentado en un post previo reciente. ¿Qué mensaje hay que trasladar al público en general en relación con estos datos? 


Yo suelo indicar a mis pacientes que tomar algo de sol, con moderación y siempre sin quemadura, no es necesariamente malo para nuestra piel y puede tener algunos efectos beneficiosos para nuestra salud favoreciendo la síntesis de vitamina D, pero eso no quiere decir que en determinados casos no sea necesaria una protección solar muy estricta, y sea preferible tomar suplementos de vitamina D para evitar el déficit de esta vitamina.

Los estudios epidemiológicos que relacionan sol, protección solar y melanoma pueden tener algunos sesgos que favorezcan la aparición de resultados paradójicos. Por ello, deben ser vistos siempre con cierta cautela. Por ejemplo: es natural que las personas con mayor riesgo basal conocido de melanoma por causas genéticas (antecedente familiar de melanoma, piel muy clara y con facilidad para la quemadura, muchas pecas y lunares más o menos atípicos) intenten evitar las actividades prolongadas al aire libre que inevitablemente las van a exponer más al sol y cuando estén expuestas al sol recurran de forma más habitual al uso de protectores solares. A pesar de todo, es posible que por el elevado peso del factor genético, el melanoma siga siendo en ellas más frecuente que en la población general. En algunos estudios epidemiológicos esto podría hacer que la exposición solar habitual aparezca como un factor protector frente al melanoma, ya que esta conducta puede acabar siendo más frecuente entre las personas con menor riesgo de padecerlo en base a sus genes. A su vez, el uso de protectores solares podría aparecer como un factor de riesgo, al estar más extendido entre quienes ya se saben como personas de mayor riesgo. Si no los usaran, el riesgo probablemente aumentaría. Pero aunque los usen, el riesgo elevado no desaparece.

En realidad lo que el análisis de estas conductas hace es poner a veces en evidencia el mayor o menor riesgo previo de las personas que se adhieren más o menos a ellas. El mensaje de que "la exposición solar habitual puede proteger del melanoma" hay que verlo con cautela, y lo que a lo mejor es cierto para la mayoría de la población de bajo riesgo de melanoma podría no ser extrapolable a los grupos de mayor riesgo. A título individual, y en caso de duda, lo mejor es consultar al dermatólogo, que valorará nuestro tipo de piel, nuestros lunares, y nuestros antecedentes personales y familiares al respecto.

Es posible que el dermatólogo no tenga respuestas ciertas y correctas a todas nuestras preguntas, porque simplemente nadie las tiene aún. En relación con la prevención del melanoma se precisarían para ello estudios prospectivos de tal complejidad y duración que es probable que nunca lleguen a realizarse. Es posible que el dermatólogo en sus respuestas acabe invocando al "sentido común" (yo lo hago a menudo). La "medicina basada en la evidencia", que a menudo se invoca como máximo exponente de calidad médica, llega hasta donde llegan las evidencias científicas disponibles. No siempre muy lejos.


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