martes, 20 de octubre de 2015

INCIDENCIA DE MELANOMA EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA: ¡BUENAS NOTICIAS!

La epidemiología del melanoma ha venido caracterizada en las últimas décadas por un continuo aumento de su incidencia en prácticamente todas las edades. No parece fácil revertir esta tendencia a corto plazo, ya que tanto los efectos dañinos del exceso de sol en relación con la aparición de melanomas como los efectos beneficiosos de una protección solar razonable se ven a largo plazo, no a corto plazo.

Sin embargo, es probable que estemos empezando a ver ya un cierto beneficio de las medidas de educación sanitaria respecto a la exposición al sol y la protección solar en los adolescentes de algunos países. En EEUU ya se ha empezado a ver una tendencia decreciente en la incidencia de melanoma entre la población pediátrica, más evidente en el grupo de edad comprendido entre los 15 y 19 años, dato recogido en un reciente trabajo epidemiológico al respecto publicado en la revista Journal of Pediatrics.

También hay estudios recientes en la misma línea procedentes de Australia, que conforma junto a Nueva Zelanda la zona geográfica del mundo con mayor incidencia de melanoma, pues su población actual es mayoritariamente anglosajona, de piel clara y fototipo bajo, muy sensible al sol, en un ambiente de elevada radiación ultravioleta. El trabajo más relevante al respecto ha sido publicado recientemente en International Journal of Cancer.

En todos estos trabajos se menciona que este hecho puede ser una primera manifestación de los efectos beneficiosos de las medidas que se están adoptando y se aplican durante la infancia respecto a la prevención primaria del melanoma, con énfasis en una protección solar adecuada para evitar la exposición solar intensa asociada a quemaduras solares, así como la exposición solar excesivamente prolongada. Lo estaríamos empezando a ver en los actuales adolescentes, entre los que el melanoma es infrecuente, y lo acabaremos viendo entre los adultos, en los que el melanoma es mucho más frecuente, cuando los adolescentes de hoy vayan cumpliendo años.

Sin embargo, no todos los expertos opinan así. Por ejemplo, Douglas Czarnecki defiende que la reducción en la incidencia de melanoma en adolescentes australianos podría estar condicionada por los movimientos migratorios que van incorporando a aquel país a adolescentes de piel más oscura y menor riesgo de melanoma. Según sus cálculos, si se analiza lo que ocurre exclusivamente entre los adolescentes de origen anglosajón y de piel más clara, la incidencia de melanoma aún no se está reduciendo, incluso sigue aumentando ligeramente.

Habrá que prestar atención a nuevos estudios durante los próximos años y en otros países, en los que ciertamente habrá que intentar delimitar qué papel pueden tener las medidas de protección solar sobre la incidencia de melanoma, y qué papel pueden tener los movimientos migratorios que incorporan a personas de piel más oscura y menor riesgo de melanoma en zonas geográficas con amplios sectores de la población de piel más clara y mayor riesgo de melanoma. En la medida en que la mezcla entre estas poblaciones con fototipos muy distintos sea mayor es probable que el riesgo global de melanoma en esas poblaciones tienda a reducirse. Los efectos sobre la población adulta, tanto derivados del uso racional de medidas de protección solar como de cambios a gran escala en la genética de diferentes poblaciones tardaremos varias décadas en apreciarlos, pero en lo que concierne al melanoma es esperable que sean positivos.


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