ANTIOXIDANTES Y MELANOMA: EL FIN DE LA INOCENCIA

La relación entre la ingesta de suplementos farmacológicos de antioxidantes y el cáncer es un excelente ejemplo de la distancia que separa la ciencia médica rigurosa de la simple (y a veces peligrosa) ciencia-ficción. Es cierto que un exceso de oxidación celular puede dañar a las membranas celulares, a algunos de los orgánulos celulares e incluso a nuestro material genético. Bajo determinadas condiciones experimentales todo ello puede favorecer la transformación cancerosa de algunas células. Hasta aquí, esto es ciencia.

Empieza la ciencia-ficción: algunos biólogos y médicos proponen (y proponer no es sinónimo de demostrar) que si un exceso de oxidación es un problema para nuestras células, el consumo de suplementos de antioxidantes será necesariamente bueno para nosotros. La única forma de saltar de la mera ficción a la realidad científica es intentar verificar esta hipótesis a través de rigurosos (y a menudo difíciles) estudios epidemiológicos y de ensayos clínicos adecuadamente diseñados al respecto (que en este campo suelen necesitar muchos miles de participantes y muchos años para proporcionarnos datos fiables y relevantes). ¡Demasiado difícil, demasiado largo, demasiado costoso! Es más fácil aceptar de forma acrítica la hipótesis de partida y ofrecer suplementos de antioxidantes como la panacea para prevenir muchas enfermedades degenerativas, incluyendo el cáncer. ¿Este planteamiento es correcto?

Hace ya algunos años saltó una significativa señal de alarma al respecto. Varios ensayos clínicos revelaron que la ingesta de altas dosis de beta-caroteno (un antioxidante) no sólo no prevenía el cáncer de pulmón en fumadores sino que aumentaba su incidencia. ¡Justo el resultado contrario al esperado! Y un excelente ejemplo de los riesgos que se pueden llegar a correr cuando de la ciencia básica se salta a la ciencia-ficción clínica, obviando el necesario paso de los ensayos clínicos rigurosos. 

Recientemente la revista Science Translational Medicine, una de las más prestigiosas e innovadoras en el campo de la biomedicina, ha publicado un trabajo que muestra que el consumo de algunos antioxidantes en ratones aumenta la agresividad de las células de melanoma y la formación de metástasis. Como estudio experimental que es no es directamente extrapolable al ser humano, pero aconseja cautela al respecto. La repercusión mediática de este trabajo ha sido grande, como podrán comprobar si colocan las palabras antioxidantes y melanoma en Google.

Uno de los mecanismos que se han propuesto para explicar por qué algunos antioxidantes no tienen el efecto antitumoral inicialmente "imaginado" relaciona el estrés oxidativo celular con la puesta en marcha de algunos mecanismos supresores del cáncer, como se aprecia en los elegantes experimentos de Sayin y cols., también publicados Science Translational Medicine. Una inhibición potente de ese estrés oxidativo inactivaría también la puesta en marcha de algunos de esos mecanismos que de forma natural protegen a nuestras células frente al cáncer. Las células se oxidarán menos, es cierto, pero quedan inermes frente a diferentes agentes capaces de favorecer su transformación cancerosa. En el campo de la oxidación celular, como en tantos otros, en el término medio estaría la virtud.

Varios estudios epidemiológicos han evaluado la relación entre la ingesta de suplementos de algunos antioxidantes y la incidencia de melanoma. En el estudio VITAL no se vio efecto protector alguno, aunque tampoco un efecto perjudicial. Sin embargo, en el estudio SUVIMAX se vio un ligero aumento en la incidencia de melanoma entre las mujeres que consumían suplementos de antioxidantes. 

No es descartable que la ingesta de algunos antioxidantes pueda protegernos de algunas formas de cáncer y de algunas otras enfermedades inflamatorias y degenerativas o ligadas a envejecimiento. Pero para definir el tipo de antioxidante idóneo (o la mezcla de varios) en cada caso, las dosis más adecuadas, así como su perfil de eficacia y seguridad, se precisan ensayos clínicos rigurosos y bien diseñados. Este ha sido siempre el camino más eficaz y seguro para transitar de la ciencia básica a la medicina clínica.

Los riesgos potenciales para la salud del consumo de dosis elevadas de suplementos de antioxidantes con pretendida acción antitumoral (y a veces con paradójico efecto protumoral) han sido recordados recientemente en varias revistas científicas de máximo prestigio, como JAMA, Cancer Cell, Nature Medicine, o New England Journal of Medicine. Hablan de ciencia. La ciencia-ficción es más divertida, claro. Y más sugerente. Pero no siempre es más segura. Ni más eficaz.


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