jueves, 21 de julio de 2016

¿ES MÁS FRECUENTE EL MELANOMA EN VERANO?

En algunos estudios epidemiológicos se aprecia que en los meses estivales o poco después del verano se diagnostican más melanomas que en el resto del año. ¿Pero surgen realmente más melanomas durante el verano?

Esto podría ser así si asumiéramos que entre los efectos agudos de una exposición solar más intensa de lo habitual pudiera encontrarse la posibilidad de generar la aparición de un melanoma y además de favorecer su crecimiento muy rápido o la aparición de algunos signos o síntomas que llamaran la atención del paciente y éste consultara por ello durante el verano o poco después.

Sin descartar que esto pueda ocurrir así en algún caso aislado, esta explicación no me parece operativa para la mayoría de los melanomas. En muchos estudios epidemiológicos el riesgo de padecer melanoma se relaciona con las quemaduras solares acumuladas a lo largo de muchos años, no con la presencia de una quemadura solar en el último verano. Y la mayoría de los melanomas tienen un desarrollo inicial lento, de forma que es muy improbable que un melanoma extirpado por ejemplo en septiembre u octubre se haya iniciado en julio o agosto de ese mismo año. Generalmente llevaría muchos meses ya en la piel del paciente, y a veces un melanoma de lento crecimiento puede llevar incluso varios años en la piel del paciente, sin que éste lo haya advertido o sin que le haya dado la importancia que esa lesión tiene.

En mi opinión, la hipótesis más probable para explicar por qué en los meses de verano o poco después de éste se diagnostican más melanomas es simplemente que nuestra piel está más expuesta a la vista para nosotros y para los familiares y amigos que nos acompañan por ejemplo en la playa o la piscina.

Que alguien nos aplique crema de protección solar en la espalda (que es la zona corporal donde el melanoma es más frecuente) permite también que esa persona pueda advertirnos de la presencia de algún lunar de aspecto "raro" (llamativamente asimétrico, borde irregular, coloración irregular o muy oscura) o marcadamente distinto al resto de nuestros lunares. A veces un lunar así puede resultar ser un melanoma incipiente, y esa advertencia nos llevará a la consulta del dermatólogo, evitándonos problemas mayores si el diagnóstico hubiera sido más tardío.

Desde el punto de vista del melanoma, el verano tiene algunos riesgos que podemos minimizar con una adecuada protección solar. Pero también nos ofrece una excelente oportunidad para favorecer el diagnóstico precoz de algunos melanomas. La información disponible en la web de la reciente campaña Euromelanoma 2016 puede sernos de gran ayuda en este sentido.

No me queda más que desearos que aprovechéis el verano para descansar y disfrutarlo junto a vuestros familiares y amigos.


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