MELANOMA Y EMBARAZO: TEMA EN ESTUDIO CON NOTICIAS TRANQUILIZADORAS

Tanto a las mujeres en edad fértil con alto riesgo de padecer melanoma como a aquellas que ya han tenido un melanoma les preocupa si un eventual embarazo podría aumentar el riesgo de que les aparezca un melanoma o empeorar su curso evolutivo y su pronóstico. A menudo la paciente afectada pregunta sobre el tema con cierta ansiedad (comprensible) y buscando una respuesta muy clara e inequívoca. No es fácil satisfacer sus expectativas, en la medida en que aún no tenemos una respuesta completamente segura para estas preguntas, pero sí vamos acumulando información tranquilizadora al respecto.

Hace 20 o 30 años la respuesta habría sido de bastante cautela al respecto, pues sí se consideraba que el embarazo podría aumentar el riesgo de padecer melanoma y/o podría empeorar su pronóstico y evolución. Pero los datos más recientes no confirman estas impresiones, y la mayoría de los estudios publicados en los últimos años no indican ni que el embarazo aumente el riesgo de melanoma de forma significativa ni que empeore su pronóstico, como se recoge en una revisión al respecto publicada en el Journal of the American Academy of Dermatology en este mismo mes de octubre. 

Gran parte de las relaciones entre embarazo y melanoma probablemente sean fruto de la casualidad. El melanoma es un tumor relativamente frecuente en adutos jóvenes, con independencia del sexo, y es de hecho el tumor maligno más frecuente en mujeres entre 25 y 35 años. Pero esto en gran medida está condicionado por la rareza de otros tumores a esta edad. Y por ello tampoco es extraño que el melanoma sea de hecho el tumor maligno más frecuente durante la gestación, simplemente porque a la edad en la que las mujeres suelen quedarse embarazadas los demás tumores malignos son tan infrecuentes o más que el propio melanoma. El abuso del sol en la adolescencia o el uso de lámparas de bronceado artificial relativamente extendido entre mujeres jóvenes seguro que tienen más que ver con todo ello que el propio embarazo.

No voy a negar que algunas veces las cosas ocurren de tal manera que a los médicos nos resulta difícil no plantearnos una posible relación causa-efecto entre un embarazo y un melanoma, o su curso evolutivo posterior. Pero esto sería claramente la excepción, no la regla.

Los lunares y muchos melanomas pueden expresar receptores beta para estrógenos, que no necesariamente son funcionales. Esto sí podría explicar que en algunos casos concretos y minoritarios se pudiera dar una cierta relación entre ciertos estímulos hormonales y el desarrollo o la evolución de un melanoma, pero insisto, no es la regla. Por el mismo motivo es controvertido el uso de anticonceptivos hormonales, de estimulantes de la ovulación y de terapia hormonal sustitutoria en mujeres de alto riesgo para padecer melanoma o que ya lo han tenido. Y al igual que ocurre con el embarazo, los datos más recientes tienden a indicarnos que la influencia de todos estos tratamientos sobre la incidencia o evolución del melanoma, si la hay, sería mínima.

Aunque se trata de cuestiones aún abiertas a estudio, las noticias más recientes son en general tranquilizadoras. El riesgo de melanoma no parece modificarse de forma significativa por el embarazo y su pronóstico dependería de los mismos factores que son operativos en cualquier otro melanoma. Y por supuesto, el diagnóstico precoz sigue siendo la clave para evitar problemas mayores. Como mencionaba en mi post anterior, la dermatoscopia digital es una excelente opción para vigilar a cualquier mujer de riesgo con lunares abundantes o atípicos, y es una prueba que se puede realizar sin problemas durante el embarazo.

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