miércoles, 30 de noviembre de 2016

TRATAMIENTO ADYUVANTE DEL MELANOMA (I): EL LARGO Y SINUOSO CAMINO.

En oncología entendemos por tratamiento adyuvante aquel que se aplica a enfermos de cáncer aparentemente curados tras la extirpación quirúrgica de su tumor, pero en los que el riesgo de recidiva es elevado, a menudo en forma de metástasis diseminadas.


Estas recidivas se producen por la presencia de células tumorales ya diseminadas, pero en número tan bajo que resultan completamente indetectables con las técnicas disponibles. De ahí que hablemos de curación "aparente" (aunque en muchos casos también pueda ser real) y de ahí que la vigilancia de casi todos los pacientes oncológicos se extienda durante algunos años, por la posibilidad de recidiva del tumor en forma de metástasis.

Las células tumorales responsables de estas recaídas permanecen adormecidas en el interior del paciente durante varios años. No crecen, no proliferan, no molestan. Y no son detectables. Todos los estudios que se le hagan al paciente serán normales y su estado de salud puede ser excelente. Sin que sepamos bien por qué, pasado un cierto tiempo (en melanoma la media se sitúa alrededor de 3 años) esas células adormecidas "se despiertan" y comienzan a proliferar, apareciendo metástasis, que ya son fácilmente detectables y que suponen una amenaza seria para la vida del paciente.

El objetivo del tratamiento adyuvante es eliminar en lo posible a esas células residuales y adormecidas, o prolongar de forma significativa el periodo de su "adormecimiento". Intentamos que el paciente no desarrolle metástasis o que aparezcan lo más tarde posible. 

El tratamiento adyuvante suele consistir en alguna forma de quimioterapia, inmunoterapia, hormonoterapia o radioterapia, dependiendo del tipo de cáncer y de su localización. Suelen ser tratamientos de elevado coste y con efectos secundarios potencialmente serios en algunos casos. Por ello se evalúa cuidadosamente la relación beneficio/riesgo antes de emplearlos. La eficacia es variable de unos tumores a otros, y el melanoma es uno de los tumores donde la eficacia es menor. El cáncer de mama, por ejemplo, es uno de los tumores donde la eficacia de los tratamientos adyuvantes es mayor.

El tratamiento adyuvante más empleado en pacientes con melanoma en las últimas dos décadas ha sido el interferón alfa-2b en dosis altas, tras la publicación en 2006 de los prometedores resultados del estudio ECOG 1684 en Journal of Clinical Oncology. Retrasa la aparición de metástasis, pero no evita que finalmente aparezcan. Aumenta lo que denominamos "supervivencia libre de enfermedad", pero con el tiempo se ha visto que no aumenta la supervivencia final de los pacientes, cuando comparamos a los que lo han recibido y a los que no.

Dada la elevada toxicidad del tratamiento y sus limitados beneficios, el tratamiento adyuvante en melanoma se ha restringido a pacientes con melanomas de muy alto riesgo de recidiva, generalmente melanomas muy gruesos (el espesor es crucial en el pronóstico del melanoma) o melanomas con metástasis en los ganglios linfáticos regionales. El tratamiento se aplica una vez que el melanoma y los ganglios afectados han sido completamente extirpados. Y siempre se ha visto acompañado de notable polémica entre los defensores de su uso y sus detractores, con razonables argumentos en juego por ambas partes.

Cuando Paul McCartney (The Beatles) compuso la canción "The long and winding road" dejó dicho que era una canción triste. Así ha sido hasta ahora el recorrido a menudo tortuoso en relación con el tratamiento adyuvante del melanoma, plagado de esperanzas y frustraciones, viendo como muchas veces vencía el melanoma, cuando se trataba de melanomas de mal pronóstico.

Nuevos datos, que comentaré en mi siguiente post, amplían algo el margen para la esperanza, pero de momento al ritmo suave y un tanto melancólico que marca "The long and winding road".


No hay comentarios:

Publicar un comentario