¿ACEITE DE COCO PARA PREVENIR EL MELANOMA?

No, de momento. Pero el aceite de coco me viene a mí bien para hacer más atractivo el título de este post y viene a cuento de su contenido. Hace pocos días se ha publicado en la prestigiosa revista científica Nature   un trabajo realizado por investigadores chinos y norteamericanos que sugiere que el ácido palmítico/palmitato (un ácido graso) podría tener cierto efecto favorecedor de un bronceado sano (concepto equívoco, lo sé) y también efecto preventivo frente al melanoma.
Y, según parece, el aceite de coco es una fuente importante de ácido palmítico. Sabiendo esto, metan en Google las palabras “aceite de coco bronceador” y se sorprenderán con la amplia oferta que se van a encontrar, toda ella muy anterior a este trabajo publicado en Nature.

Leyendo las propiedades que algunos atribuyen al aceite de coco en alguna de esas reseñas de Google uno se sorprende de que exista la profesión de dermatólogo, ya que en teoría su uso nos valdría para prevenir casi cualquier enfermedad cutánea que uno pueda imaginar. Google es sin duda un magnífico difusor de cuentos infantiles y sueños imposibles. Pero a lo mejor lo del bronceado relativamente sano no es ningún cuento. O sí.

Los investigadores del estudio que comento han trabajado con melanocitos in vitro y con ratones que tenían variantes en el gen MC1R que codifica un receptor para la melanocortina (alfa-MSH). Estas variantes en MC1R están implicadas en el carácter pelirrojo en seres humanos. En respuesta a la luz solar sus portadores producen una variante de melanina (feomelanina) que no nos protege adecuadamente frente al melanoma, y además reparan peor el daño que la luz ultravioleta produce en el material genético de los melanocitos de nuestra piel. Aunque los pelirrojos son poco frecuentes en nuestro medio, los portadores de alguna de estas variantes en MC1R sí son algo más frecuentes, y su riesgo de melanoma está moderadamente elevado por ello. Cuanto más al norte, más frecuente encontrar portadores de variantes en MC1R, más frecuente encontrar pelirrojos, y al menos en Europa, mayor incidencia de melanoma.

Shuyang Chen y colaboradores han encontrado que la función del receptor MC1R en los melanocitos de nuestra piel depende en parte de la unión al mismo de moléculas de ácido palmítico, y que el defecto funcional de algunas variantes patológicas de MC1R se corrige si se favorece la presencia de este ácido graso unido al receptor. Y lo más interesante: en ratones genéticamente predispuestos a padecer melanoma y con algunas de estas variantes problemáticas en el receptor MC1R se logra retrasar y aminorar el desarrollo de melanomas en respuesta a la luz ultravioleta al administrarles palmostatina B, un fármaco que facilita la persistencia del palmitato unido al receptor MC1R. Eso sí: el medicamente en este estudio se administra por inyección intraperitoneal, algo incómodo para aplicárnoslo de la misma forma antes de ir a la playa. Nosotros no somos ratones.

Dos genetistas británicos, Ian J. Jackson y Elizabeth Patton, firman un artículo en el mismo número de Nature comentando este trabajo, lo que revela la importancia que los editores de Nature le han concedido. Y estos investigadores concluyen su artículo preguntándose si no habrá que tomarse en serio el asunto del aceite de coco como bronceador. En algunos comercios donde estos bronceadores causan furor brindarán con champagne. Además, en Google es fácil encontrar “recetas de cocina” para fabricarse en casa una atractiva crema bronceadora a base de aceite de coco y zanahoria. Habrá que ver a qué le sienta mejor, si a nuestra piel o a nuestro paladar.

Sin embargo, en medicina las cosas nunca son tan fáciles como en los cuentos infantiles que asoman por Google. No es lo mismo dar un fármaco que ayuda a que el palmitato se mantenga fijado al receptor MC1R anómalo que dar sin más ácido palmítico (por ejemplo, ingiriendo aceite de coco o aplicándolo sobre nuestra piel). De hecho, nuestro organismo ya contiene cantidades importantes de ácido palmítico en nuestra grasa y hay muchas otras fuentes de ácido palmítico en nuestra dieta. El problema es trasladarlo de forma efectiva a nuestros melanocitos y mantenerlo unido al receptor MC1R, y demostrar que logramos de este modo revertir en seres humanos el defecto funcional de algunas variantes de este receptor, favoreciendo la producción de eumelanina sobre la de feomelanina, mejorando la reparación de nuestro ADN en los melanocitos y reduciendo a largo plazo la incidencia de melanoma. De momento ignoramos si este sueño es posible, y cómo alcanzarlo.
Una última observación: ¿sería aconsejable para nuestra salud aumentar la ingesta de productos ricos en ácido palmítico con intención de obtener un bronceado más seguro y reducir la incidencia de melanoma? Claramente no. El ácido palmítico es un ácido graso saturado de cadena larga y la ingesta de cantidades elevadas de este tipo de ácidos grasos se asocia con la arterioesclerosis y con diversas enfermedades cardiovasculares derivadas de ella. Además, algunos estudios recientes también han relacionado al ácido palmítico con un mayor riesgo de metástasis en enfermos de cáncer, por un mecanismo que nada tiene que ver con lo aquí comentado. Como en tantas otras ocasiones, la historia del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde se repite.


De momento el trabajo aquí comentado simplemente abre una prometedora línea de investigación de resultados clínicos aún inciertos. Pero no lo duden, los cuentos infantiles y las historias más fantásticas al respecto que puedan imaginar proliferarán en Google y quizás también en la información que acompaña a algunos “bronceadores” y protectores solares. Y en esos cuentos ya no habrá lugar para más melanomas. ¡Felices sueños!


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