SOL Y CÁNCER: NUEVOS ACTORES, BUENAS NOTICIAS


¿Han tomado algo de sol durante este verano? Si es así, ¿tienen cierto complejo de culpabilidad por ello? Pues ¡quítenselo! “Algo de sol”, sin abusar, no es demasiado malo para nuestra piel y puede ser muy bueno para nuestra salud. Y no sólo por la vitamina D.

Es cierto que abusar del sol facilita que nuestra piel envejezca antes (manchas, arrugas), y que aumenta el riesgo de padecer algunas variantes de cáncer de piel, incluyendo el melanoma. Esto es cierto (y debemos evitar abusar del sol), pero esto no es todo.

Muchos estudios epidemiológicos han sugerido una relación inversa entre el nivel de exposición solar y la tendencia a padecer algunas formas de cáncer no cutáneo. Globalmente y sumadas, estas otras formas de cáncer (incluyendo colon, mama, pulmón, próstata, linfomas, etc.) son más frecuentes y peligrosas que muchos de los tumores de piel. Así las cosas, recomendar a la población general una exposición solar moderada formaría parte de una estrategia global de prevención frente al cáncer (exceptuando, y con matices, al de piel).

Alrededor de este tema hay mucha controversia. Y muchos expertos han atribuido el efecto anticanceroso del sol a la producción de vitamina D, ya que esta vitamina parece tener algunas propiedades antitumorales. Aunque algunos estudios experimentales avalan esta posibilidad, las observaciones en seres humanos no son concluyentes. Los niveles de vitamina D no siempre se relacionan con la tendencia a padecer cierto tipo de tumores que parecen influidos por la exposición solar. Y la administración de vitamina D no está claro que contribuya a prevenirlos. Los resultados hasta ahora han sido especialmente frustrantes en relación con el cáncer de colon, ya que los datos iniciales eran particularmente prometedores pero no se han confirmado, al menos hasta ahora.

Hay varias formas de explicar estas contradicciones: los estudios epidemiológicos que relacionan la exposición solar y el cáncer no cutáneo pueden tener muchos sesgos; los efectos de administrar suplementos de vitamina D sobre la incidencia del cáncer pueden necesitar mucho más tiempo del que han durado los estudios para hacerse patentes; y, finalmente, puede ser que parte de los efectos protectores del sol sobre el cáncer no cutáneo implique la producción en nuestro organismo de algún mediador distinto a la vitamina D y hasta ahora desconocido.

De hecho, ya se había observado que el efecto aparentemente protector del sol frente a algunos linfomas no se correlacionaba en seres humanos con los niveles de vitamina D. En línea con esto, recientemente se ha publicado un estudio experimental en la revista Cancer and Prevention Research que ha llamado mi atención, en el que se demuestra un efecto protector de la radiación ultravioleta sobre la aparición de cáncer de mama que parece independiente de la vitamina D. Curiosamente el estudio está dirigido por un prestigioso dermatólogo, Ervin H. Epstein, con amplia y reconocida trayectoria en la investigación de las bases moleculares del cáncer de piel.

Por todo ello, es posible que el sol tenga un efecto anticancerígeno en nuestro organismo no mediado por la vitamina D y no sustituible simplemente por la ingesta de suplementos de vitamina D cuando los niveles de vitamina D están bajos. Las recomendaciones sobre protección solar e ingesta de vitamina D habrá que personalizarlas según el estado de salud general, el tipo de piel y el perfil de riesgo de cada paciente. Investigar sobre los mecanismos por los que el sol nos protege de algunos cánceres no cutáneos al margen de la vitamina D podría aportarnos en el futuro nuevas e inesperadas formas de ayudar a prevenir esos tumores.


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