MELANOMA Y ASPIRINA: LA CAUTELA COMO VIRTUD


En abril de 2013 publiqué un post  en este blog haciéndome eco de un estudio farmacoepidemiológico publicado en la prestigiosa revista norteamericana Cancer  que sugería que el consumo habitual de aspirina podría tener un efecto preventivo sobre el melanoma (el estudio estaba focalizado en mujeres postmenopáusicas). La noticia adquirió notable difusión en los medios de comunicación y redes sociales, y Google pronto se llenó de referencias a ella. Yo pedía cautela en la valoración de este estudio.

Ahora un nuevo estudio farmacoepidemiológico publicado en el Journal of the American Academy of Dermatology refuta estos resultados y sugiere que el consumo habitual de aspirina, con independencia de la dosis, no disminuye el riesgo de melanoma de forma significativa en mujeres e incluso puede aumentarlo en varones.

Como resulta obvio a la vista de estos resultados no concordantes, nada podemos concluir a día de hoy sobre la influencia de la ingesta de aspirina en el riesgo de padecer melanoma. Lo importante de estos estudios es que nos deben llevar a reconocer dos cosas: en primer lugar, que por múltiples causas los estudios epidemiológicos admiten gran diversidad de diseños y abundantes sesgos, y a menudo ofrecen resultados inconsistentes; en segundo lugar, que una parte de lo que se publica en las revistas médicas, incluyendo a las más prestigiosas, simplemente no es generalizable o no es reproducible. Y esto no es debido a mala fe de los autores o a deficiencias evidentes y subsanables del estudio. El trabajo puede estar bien diseñado y correctamente desarrollado y sus resultados ser verídicos y ajustarse a lo observado en dicho estudio. La honestidad de los investigadores no se cuestiona (al menos, casi nunca se cuestiona). El problema es que por la complejidad del asunto abordado y por la multiplicidad de factores que entran en juego, muchos de ellos no controlables y algunos ni siquiera bien conocidos aún, finalmente los resultados no se confirman en otros estudios parecidos o en otros grupos de población. Y algunos resultados reproducibles en determinados grupos humanos y en determinadas circunstancias pueden no ser generalizables a otros grupos humanos con condiciones ambientales, circunstancias vitales y fondo genético distinto.

La lección que todos (médicos, periodistas, “influencers” y público en general) debemos aprender de estos estudios (la aspirina es sólo un ejemplo, busquen la relación del melanoma con la ingesta de café, de alcohol, de inhibidores de la fosfodiesterasa 5 como Viagra, de determinadas vitaminas y antioxidantes, de zumo de cítricos, etc, etc, etc) es que los resultados de los estudios epidemiológicos deben ser vistos siempre con mucha cautela y con mucho sentido crítico. La aceptación entusiasta y acrítica de cualquier noticia al respecto que fácilmente genere titulares o mensajes tan llamativos como inconsistentes pero por supuesto fácilmente propagables en las redes sociales puede llevarnos a conductas en el mejor de los casos absurdas y en el peor de ellos no siempre exentas de riesgos potenciales para nuestra salud.

Como ya he comentado en más de una ocasión en este blog, la respuesta más correcta a algunas preguntas sobre temas médicos es, simplemente: creo que aún no se sabe o al menos yo no lo sé (aunque Google parezca que sí lo sabe). Esta respuesta no genera brillantes titulares, ni marca tendencias, ni te posiciona en la cúspide de los foros de las redes sociales más activas, ni es la que esperan muchos de tus colegas y pacientes, pero a veces es, simplemente, la correcta.

www.clinicadermatologicainternacional.com

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