CREMAS SOLARES EN TU SANGRE: LA DESAFORTUNADA NOTICIA QUE ESPERABA MI BLOG


¿Por qué digo que la esperaba mi blog? Si ustedes ojean mi blog verán que la mayor parte de posts se orientan a comentar los resultados de alguna publicación científica reciente y relevante, que enganche bien con el sentido que yo pretendo dar a este blog: divulgación seria y si es posible entretenida que contribuya a favorecer la prevención y el diagnóstico precoz del melanoma, o que informe de los avances más recientes en su tratamiento. Mezclando en lo posible el rigor científico con el sentido común. Y todo ello pensando en que su lectura pueda ser de interés para el público general, para pacientes que ya conocen de cerca el problema y para personal sanitario interesado. Así que es natural que mi blog se ponga muy contento cuando surge una noticia en este campo relacionada con una publicación científica muy relevante, capaz de generar mucha polémica. ¡Hay contenido fresco para elaborar posts durante varios meses!

¿Por qué digo que es desafortunada? En primer lugar, porque como verán en sucesivos posts la noticia se basa en datos procedentes de un estudio experimental esencialmente ajeno al uso habitual de los protectores solares, empleando una dosis que prácticamente nadie emplea. Esto no invalida sus resultados, pero sí invalida las consecuencias prácticas de los mismos. En segundo lugar, porque puede generar miedos y reticencias injustificadas en los usuarios acerca de la seguridad y potencial toxicidad de los protectores solares actuales.

¿Y cuál es la noticia? Se trata de un trabajo publicado de momento “on line” en la prestigiosa revista JAMA (Journal of the American Medical Association)que recoge un estudio elaborado por investigadores de la FDA (Food and Drug Administration) norteamericana en la que evalúan los niveles que alcanzan en nuestra sangre 4 sustancias que son constituyentes habituales de muchos fotoprotectores solares químicos. El estudio revela que estas sustancias se absorben y superan en nuestra sangre el nivel de 0.5 ng/mL usando estos productos en la cantidad necesaria para alcanzar de forma mantenida el índice de protección que indica el fabricante en el envase. El estudio, así como un Editorial también publicado en JAMA, dejan claro que superar estos niveles no implica toxicidad, pero sí hace aconsejable efectuar estudios adicionales para descartarla. Es decir, simplemente nos dice: superado este umbral, deberíamos estudiar el tema más a fondo.

Como ya he indicado, la cantidad en suero de 0.5 ng/mL se supera en este estudio por dichas sustancias tras emplear una dosis de crema solar que prácticamente nadie emplea durante el uso habitual de estos productos. De hecho, en la práctica, casi todos los usuarios se quedan muy por debajo de esas dosis (también, obviamente, se quedan muy por debajo del nivel de protección que marca el envase, aunque alcancen un nivel de protección suficiente como para no quemarse; volveré sobre este punto en otro post). Así que, en mi opinión, no hay de momento ningún motivo para preocuparse excesivamente por este asunto, ni ningún motivo para rechazar el uso de fotoprotectores tópicos de calidad contrastada y que se ajusten bien a la normativa vigente. Los propios autores del estudio publicado en JAMA  así lo indican.

Sin embargo, ¿hay motivos para hacer investigaciones adicionales al respecto? Claramente sí. Y esto afecta tanto a la industria farmacéutica y cosmética implicada como a las autoridades sanitarias y agencias reguladoras. Creo que carece de sentido asustar innecesariamente a los consumidores, pero también pienso que sería una irresponsabilidad que los agentes implicados miraran para otro lado y redujeran el asunto a una cuestión de modular el mensaje que llega a la opinión pública y reducir el impacto de este asunto sobre sus ventas y cuentas de resultados.

¿Y cuál ha sido la dosis con la que este estudio se ha elaborado, y por qué en mi opinión la elección de esa dosis es absurda? Nos vemos en mi siguiente post.


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