MELANOMAS PEQUEÑOS (II): EL VALOR DE LA DERMATOSCOPIA DIGITAL


La imagen que ilustra este post es la de la dermatoscopia del pequeño melanoma que encabezaba mi post anterior. ¡Y Lo que se ve es muy distinto! A veces lo que a simple vista nos parece simplemente un lunar atípico puede mostrar datos muy claros de melanoma cuando lo miramos con un dermatoscopio.

En la ponencia que presentaré este próximo viernes 22 de febrero en el Curso de Actualización en Cáncer Cutáneo (Hospital Universitario La Paz)  comentaré la experiencia de un grupo de dermatólogos entre los que me incluyo sobre una serie de 160 casos de melanomas de pequeño tamaño (diámetro igual o inferior a 6 mm) con imagen dermatoscópica disponible.

Esta serie de casos, que estamos estudiando actualmente desde el punto de vista clínico y dermatoscópico, nos está proporcionando multitud de datos interesantes. Uno es especialmente revelador y tiene que ver con el ámbito del diagnóstico. Hemos considerado 3 posibles escenarios: melanomas que habían llamado la atención del propio paciente antes de la consulta, melanomas diagnosticados en una consulta de dermatología convencional y melanomas diagnosticados en pacientes mapeados con dermatoscopia digital.

Cerca del 20% de los casos ya habían llamado la atención del paciente. Esto implica que algunos melanomas, aunque sean pequeños, ya pueden tener rasgos clínicos marcadamente sospechosos y llamativos, por ejemplo una pigmentación anormalmente intensa o una coloración llamativamente irregular. Y es bueno insistir en que todos (con muchos o pocos lunares) deberíamos hacernos un autochequeo periódico y sencillo en búsqueda de posibles lunares nuevos o inestables llamativos. La autovigilancia tiene sus limitaciones y sin duda es más difícil de hacer en personas con muchos lunares y/o lunares atípicos. Para eso estamos los dermatólogos.

Alrededor del 25% de estos pequeños melanomas fueron detectados en una consulta de dermatología convencional, y algo más del 50% de los casos fueron detectados en pacientes mapeados con dermatoscopia digital. Con una diferencia muy significativa: la mayoría de los melanomas detectados en una consulta convencional lo fueron durante la primera consulta con el dermatólogo, mientras que la mayoría de los melanomas detectados con dermatoscopia digital lo fueron durante alguna de las sucesivas revisiones. Este último grupo, mayoritario en nuestro estudio, correspondía también a melanomas en general más pequeños y más finos, y por ello de mejor pronóstico.

¿Qué lectura podemos hacer de esto? Muy sencilla. Cuánto más llamativo es un melanoma (y generalmente también más grande y más invasivo), más fácil es que se detecte en la primera consulta, donde no disponemos aún de imágenes previas de los lunares del paciente con las que comparar. Sin embargo, el diagnóstico de los melanomas clínicamente menos llamativos y a menudo más pequeños es muy difícil hacerlo si no se dispone de las imágenes clínicas y dermatoscópicas propias de los mapeos completos con dermatoscopia digital. Por eso estos melanomas, en los que los cambios suelen darnos la clave diagnóstica, rara vez se detectan cuando aún son muy pequeños durante las revisiones en una consulta de dermatología convencional, y son sin embargo el grupo mayoritario entre los pacientes mapeados con dermatoscopia digital. Su pronóstico es, en general, excelente. Ninguno de los casos incluidos en nuestra serie ha desarrollado metástasis.

Por todo ello, no deja de sorprenderme que a día de hoy la mayoría de pacientes con muchos lunares aún no sean vigilados con dermatoscopia digital, a lo que contribuyen muchos factores (falta de información, tiempo que consume la prueba, recursos limitados de personal y de equipos, costes). También me llama la atención los criterios llamativamente restrictivos para su uso que imponen algunas aseguradoras médicas. Todo ello cuando sabemos que la forma más eficaz (y a largo plazo más barata) de luchar para reducir la mortalidad por melanoma es favorecer su diagnóstico cada vez más precoz.

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