CANTIDAD DE “CREMA SOLAR” RECOMENDADA: ¿RAZONABLE O ABSURDA?


Empecemos por aclarar que la denominación correcta de estos productos es la de “fotoprotectores tópicos”, aunque con frecuencia nos refiramos a ellos como “cremas solares”. Los excipientes condicionan que finalmente los utilicemos en forma de crema, leche, gel, emulsión, spray, etc. ¿Cuál es la cantidad recomendada cuando nos aplicamos estos productos en nuestra piel? Si queremos alcanzar el índice de protección (IP) que marca el envase, la cantidad es de 2 mg/cm2.

¿Qué significa esto en la práctica? Una persona de complexión media que quiera cubrir el 75% de su piel con el protector solar necesitaría en torno a 25 mL para hacerlo. Como los filtros químicos se van consumiendo según reciben y absorben luz solar, y como parte del producto se elimina con los baños, el secado con toallas, el sudor, etc., se recomienda reaplicarlo al menos cada 2 horas, para mantener el IP cercano al que marca el envase. Imaginemos una pareja que comparta el envase y esté 4 horas en la playa por la mañana. Ambos se lo deberían aplicar 2 veces. Gastarían 100 mL. Los envases suelen contener 200 mL. El envase les duraría 2 días. Si la pareja citada decide permanecer en la playa otras 4 horas, por la tarde, como han considerado los autores del reciente estudio publicado en JAMA al que me referí en mi post anterior, y mantienen la aplicación de la dosis teóricamente óptima para alcanzar siempre la protección que marca el envase, entonces deberían gastar otros 100 ml. Es decir, una pareja en un solo día habrá gastado un envase completo de 200 mL.

¿Alguien usa de esta forma los fotoprotectores tópicos? Evidentemente no, salvo en situaciones extremas. ¿Y es necesario usar estas dosis tan elevadas? ¿Es esta la dosis que debe contemplarse como estándar para calcular la eficacia y valorar la potencial toxicidad de los protectores solares químicos actuales?

Yo aquí me voy a limitar a exponer mi personal punto de vista. No es necesariamente el correcto. Esta es una cuestión muy controvertida y abierta a debate. Pero procuren no perder de vista ni las evidencias científicas (cuando las haya) ni el sentido común.

¿Qué nos está indicando un envase de un protector solar cuando pone que el IP es de 50? Nos indica que si un usuario aplicara el producto en la dosis de 2 mg/cm2, tardaría 50 veces más tiempo en presentar eritema (rojez por quemadura solar, en concreto por la luz ultravioleta B, UVB) que si no lo hubiera aplicado (el concepto no es del todo correcto pero es operativo para entendernos en este foro). Imagínense que cualquier de ustedes acude a la playa a las 12 de la mañana, tiene la piel clara y sin protección se quemaría en 10 minutos. Aplicando el fotoprotector de IP 50 en la dosis recomendada de 2 mg/cm2 tardaría ¡500 minutos! en quemarse, algo más de 7 horas. ¿Alguno de ustedes se pone el protector solar pensando en estar después 7 horas ininterrumpidas al sol? Y si lo hicieran y tienen la piel clara, la quemadura estaría asegurada. ¿Por qué? Muy sencillo: porque casi nadie en el uso habitual de estos productos emplea la dosis de 2 mg/cm2 y por ello casi nadie alcanza el IP en su piel que marca el envase. Y en realidad, casi nadie necesita alcanzarlo, salvo en condiciones extremas.

Volvamos a nuestro usuario de piel clara que hacia las 12 de la mañana se podría quemar con 10 minutos de sol sin protección. Pensemos que va estar allí durante dos horas, no necesariamente al sol todo el tiempo (y si tiene sentido común, efectivamente procurará pasar parte de ese tiempo a la sombra). En cualquier caso, si quiere asegurarse la ausencia de quemadura, debería cubrir 120 minutos. Si solo aguanta 10 minutos al sol sin protección y sin quemarse, necesitará un producto con un IP real en su piel de 12, ya que 12 x 10 = 120. De esa manera, cubriría sin riesgos esas dos horas (120 minutos). ¿Por qué entonces tendemos a recomendarle a día de hoy un IP de 50 y no, por ejemplo, un IP de 15? ¿Y por qué sería muy probable que se quemara si aplica un protector con IP de 15 y efectivamente pasara 2 horas a pleno sol?

En la práctica, porque el usuario habitual de estos protectores casi nunca aplica la famosa cantidad de 2 mg/cm2 con la que está calculado el IP que marca el envase. Así que el IP real en su piel siempre será menor y a menudo mucho menor. Con suerte, con un producto de IP 50 se alcanzará un IP real de 15, y obviamente con un producto de IP 15 es probable que el IP real en nuestra piel se quede por debajo de 5. Hay que insistir en que esto no depende de la calidad del protector, sino exclusivamente de la cantidad que aplicamos sobre nuestra piel.

Entonces, ¿por qué seguir tomando como referencia una cantidad que los expertos en el tema sabemos que casi nadie usa para calcular el IP? ¿Y por qué seguir ofreciendo a los usuarios una información que no se ajusta al IP real en las condiciones de uso habituales, y que puede ofrecer una falsa sensación de seguridad al emplear estos productos? No conviene olvidar que algunos estudios epidemiológicos han observado un aumento en la incidencia de melanoma entre los usuarios habituales de protectores solares que se ha atribuido en parte a un aumento del tiempo de exposición solar ligado a la sensación de que estaban más protegidos del sol de lo que en realidad estaban.

En mi opinión (insisto, esto sólo es mi opinión) debería calcularse el IP con una dosis estandarizada en torno al 25% de la actual y debería perseguirse que los productos de alta protección alcanzaran un IP REAL en nuestra piel en torno a 15, es decir, en las condiciones en que de verdad suelen emplearse estos productos (o es realista asumir que lleguen a emplearse de forma generalizada) y en las que en realidad necesitan ser empleados. Tanto dermatólogos como laboratorios farmacéuticos y agencias reguladoras deberíamos hacer un esfuerzo por hacer llegar al usuario un concepto claro sobre lo que significa el IP frente a la radiación UVB, y deberíamos procurar que el índice que va a figurar en el envase se calculara partiendo de una dosis de protector solar ajustada al uso mayoritario que se hace del mismo. Si aplicando el fotoprotector cada dos horas (como tiende a recomendarse) debemos garantizar ausencia de quemadura durante 120 minutos, es absurdo aconsejar una dosis que garantice la protección durante 500 minutos. Y si la protección óptima con las dosis empleadas por la mayoría de usuarios sólo alcanza de 60 a 120 minutos, es peligroso que el usuario crea que le durará mucho más, basándose en la forma poco realista de obtener los IP actuales que marcan los envases. Esto no implica que haya que modificar las características de los protectores solares actuales. Lo que hay que modificar es la cantidad que se recomienda aplicar a los usuarios y el índice de protección que se coloca en los envases, haciendo que ambas cosas se ajusten a un uso más realista de estos productos. Los productos con IP inferior a 20 (tal y como ahora se calcula) ofrecen en realidad tan poca protección (tal y como habitualmente se usan) que deberían desaparecer del mercado.

Obviamente, si la dosis de 2 mg/cm2 es demasiado elevada y muy poco realista para evaluar la eficacia en las condiciones habituales de uso de los protectores solares con filtros químicos, también es innecesariamente elevada para evaluar la posible absorción a través de la piel de dichos filtros químicos y su potencial toxicidad. Y esto afecta directamente al diseño y a la interpretación de los resultados del estudio publicado en JAMA  al respecto. Lo comento en mi siguiente post.




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