CANTIDAD, EFICACIA Y TOXICIDAD DE LOS PROTECTORES SOLARES: SEAMOS REALISTAS


Si han leído mis dos posts anteriores espero haber logrado que algunas ideas sobre este polémico asunto les queden claras:

1. La dosis de 2mg/cm2 con la que se calcula el índice de protección (IP) que marca el envase es muy superior a la que la inmensa mayoría de los usuarios emplea.
2. El IP real que se alcanza en nuestra piel es por ello muy inferior al que marca el envase.
3. Un IP real en nuestra piel en torno a 15 suele ser suficiente para que en las condiciones habituales de uso la mayoría de los usuarios no se quemen. Pero para alcanzar ese IP real de 15 es probable que usted necesite aplicar un producto de IP 50 y reaplicarlo varias veces a lo largo del día, ya que la cantidad que se aplica cada vez es probablemente muy inferior a 2 mg/cm2.
4. Este baile absurdo de cifras y esta información equívoca para el consumidor se resolvería si el IP se calculara sobre cantidades de fotoprotector tópico más realistas, acercando la información sobre eficacia real y toxicidad potencial de estos productos al uso que habitualmente hacemos de ellos.

El reciente estudio efectuado por investigadores de la FDA norteamericana y publicado recientemente en JAMA respecto a la absorción de diversos agentes químicos presentes en los protectores solares habituales es metodológicamente impecable pero de consecuencias prácticas dudosas, ya que se basa en personas que aplicaron el protector solar en la dosis de 2 mg/cm2 sobre el 75% de la superficie corporal, cuatro veces al día (cada dos horas) durante 4 días seguidos. Así aplicado, la mayoría de ustedes habría gastado un envase completo de 200 ml cada dos días (y una familia amplia consumiría más de un envase cada jornada prolongada en la playa o la piscina). ¿Alguien de ustedes ha usado semejante cantidad de protectores solares alguna vez?

Como reconocían los investigadores del estudio, la cantidad detectada en la sangre de los filtros químicos evaluados no implica toxicidad, pero obliga a efectuar estudios sistemáticos para descartarla. Y yo me pregunto: ¿Por qué tener que descartar toxicidad de un producto usándolo en una cantidad que prácticamente nadie emplea? ¿Por qué tomar como estándar para evaluar la eficacia y la toxicidad de un producto una cantidad que está muy alejada de la que empleamos de forma habitual y de la que probablemente necesitamos emplear? ¿Por qué recomendar entonces usar dicha cantidad tan elevada?

Uno podría pensar: claro, esto beneficia a la industria farmacéutica y cosmética, pues recomendando aplicar mayor cantidad del producto, venderán más. Pero si aplicando esa cantidad surgen estudios que demuestran de forma incontestable una absorción que supera a lo esperado y obligan a descartar una potencial toxicidad, el efecto más bien puede ser el contrario: el consumidor puede inquietarse o asustarse y acabarán vendiendo menos. La sombra, la ropa adecuada y un buen gorro o sombrero nos pueden proteger mejor y no se absorben.

Mi opinión es que con el uso habitual que hacemos de los fotoprotectores tópicos es remota la posibilidad de absorción de los filtros químicos hasta superar en nuestra sangre los niveles potencialmente más problemáticos de 0.5 ng/mL que hacen recomendables estudios toxicológicos adicionales según las pautas actuales de la FDA norteamericana.

Por otra parte, tampoco veo necesario aconsejar a los usuarios alcanzar la dosis de 2 mg/cm2 en cada aplicación, salvo en condiciones de exposición solar extrema e inevitable. El principal objetivo de los protectores solares debe ser que no nos quememos, y en un contexto de exposición solar “razonable”, ni muy prolongada ni en el entorno del mediodía, eso lo vamos a lograr fácilmente con una dosis notablemente inferior del producto, minimizando por lo tanto el riesgo de absorción problemática de cualquiera de sus filtros. Ya mencionaba en mi anterior post que un IP real de 12 garantizaría la ausencia de quemadura durante 2 horas (120 minutos) a una persona que tan solo aguantara sin quemarse 10 minutos cuando no se pone el protector. En realidad no necesitamos un producto de IP 50, aunque sí lo recomendamos asumiendo que con las dosis habitualmente empleadas el IP real en nuestra piel estará mucho más cerca de 12 que de 50.

Usados con sentido común, y como complemento de otras medidas (búsqueda de la sombra cuando se pueda, ropa adecuada para cubrir parte de nuestro cuerpo cuando las circunstancias lo permitan, gorro o sombrero, gafas de sol), los protectores solares con filtros químicos son actualmente agradables de usar y razonablemente eficaces y seguros. Usados de esta forma siempre estaremos muy por debajo de las dosis empleadas en el reciente estudio publicado en JAMA.   

Ese mismo sentido común, junto al necesario rigor científico, deberíamos de pedírselo a los fabricantes de estos productos y a las agencias reguladoras, a la hora de definir el IP óptimo (necesario y suficiente) que deben indicar los envases, y a la hora de establecer la forma de calcularlo. Un protector solar no es mejor porque nos proteja más, cuando ese plus de protección pueda llevar aparejado un cierto riesgo de toxicidad. Un protector solar será verdaderamente mejor si nos ofrece la protección que necesitamos, no más, sin apenas riesgo de absorción problemática y toxicidad. Esto también deben tenerlo en cuenta la prensa especializada y los propios consumidores, para generar hacia la propia industria cosmética unas demandas respecto a sus productos razonables y seguras, no absurdas.

Lo que sí es muy de agradecer al estudio publicado en JAMA en un mundo cada vez más virtual como el nuestro (donde realidad y fantasía se confunden con demasiada frecuencia) es que nos haya bajado a la realidad. Nunca cuenten las ventajas y maravillas de cualquier tratamiento o intervención médica o cosmética sin los pertinentes estudios y ensayos clínicos que demuestren que lo que se cuenta es cierto y sin hacer un riguroso análisis de su potencial toxicidad.


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