CDI CUMPLE 25 AÑOS: A VECES LOS SUEÑOS SE HACEN REALIDAD

Sí. A veces los sueños se hacen realidad. Pero no por casualidad. Suele ser el resultado de una mezcla de actitudes, aptitudes y valores positivos, una voluntad firme y decidida por alcanzar ese sueño y mucho, mucho trabajo, bien hecho. En este caso, en equipo.

El Dr. Ricardo Ruiz y yo nos formamos como dermatólogos por la vía MIR entre los años 1988 y 1991. Él en el Hospital 12 de Octubre, y yo en La Paz. Ya por entonces resultaba complicado acceder a esta especialidad si uno “soñaba” con ser dermatólogo. Dermatología era una de las especialidades elegidas con mejores números en el MIR y sus plazas se agotaban muy pronto. Así era entonces, y así sigue siendo ahora.

Pero uno de los momentos más difíciles estaba aún por llegar. En aquellos años nuestro país atravesaba por una situación económica delicada y apenas había opciones de abrir nuevos hospitales públicos o de ampliar la plantilla de los ya existentes. Y en la dermatología privada predominaban las consultas individuales, con limitada actividad quirúrgica y dermoscosmética, a lo que contribuía también la limitada tecnología disponible en aquel momento. Las escasas vacantes que se iban generando en los servicios de Dermatología de nuestros hospitales públicos y universitarios solían cubrirse con personal formado en esos mismos hospitales. La endogamia era, y en buena medida sigue siendo, un mal endémico de nuestra Universidad y de nuestros hospitales públicos, que en mi opinión lastra su desarrollo académico y científico, aunque puntualmente pueda favorecer la cohesión y operatividad de los servicios clínicos. Así las cosas, para muchos dermatólogos (y médicos especialistas en general) recién formados y con expedientes académicos brillantes, una de las primeras cosas que había que hacer tras concluir la formación médica especializada era visitar las oficinas del entonces denominado INEM (Instituto Nacional de Empleo), las “oficinas del paro”. A veces, visitándolas mensualmente después por algún tiempo.

Una de las mejores opciones entonces, al alcance de los más brillantes y más intrépidos, era trasladarse a EEUU para obtener allí una formación clínica y científica adicional, así como para conocer “otra forma de hacer las cosas”. Esta es la opción que eligió el Dr. Ruiz, con estancias en los Departamentos de Dermatología de la prestigiosa Clínica Mayo (Rochester) y de la Universidad de California en San Francisco. Otra opción, que exigía un expediente académico igualmente brillante pero con menores dosis de aventura era insertarse aquí en un grupo de investigación de calidad, si la investigación te atraía, aprovechando productívamente el momento y esperando tiempos mejores. Es la opción que elegí yo, a caballo entre el Hospital La Paz, el Centro de Investigaciones Biomédicas y el Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa”.

El SIDA había hecho su irrupción entre nosotros pocos años antes y la mirada de muchos de los mejores médicos clínicos e investigadores se volvió hacia él. Recuerdo algunas de las brillantes charlas al respecto que nos dio el Dr. Ruiz en aquellos años, exponiéndonos sus experiencias al respecto en EEUU. A mí me llamaban mucho la atención sus trabajos sobre la angiomatosis bacilar, una enigmática enfermedad en pacientes con VIH de la que al principio ignorábamos si era inflamatoria, tumoral o infecciosa, que es lo que finalmente resultó ser. Yo trabajé en cuestiones más básicas de la infección por el VIH, como el papel del factor de necrosis tumoral-alfa, de la interleucina-10 y de los factores de transcripción NFKB y NFAT en su replicación en linfocitos T, y la posibilidad de modular esto con inhibidores de fosfodiesterasas. Paralelamente a eso, ambos nos sentimos muy atraídos hacia el campo del cáncer de piel, y eso condicionó mucho nuestra trayectoria profesional posterior. Y ambos recibimos en aquellos años, y en dos ocasiones cada uno, sendos premios patrocinados por la Academia Española de Dermatología y Venereología por nuestros respectivos trabajos de investigación.

Situados ya en casi la mitad de la década de los años 90, con una formación sólida y mayor experiencia, ambos tomamos decisiones muy distintas. Yo opté por una vía “más clásica” y de menor riesgo aparente: esperar a que una buena plaza de Dermatología en un hospital público se pusiera a tiro e ir a por ella. De forma un tanto rocambolesca logré entrar así en el Hospital La Paz en 1995 (no es casualidad que yo me hubiera formado en ese Hospital, ya he mencionado la habitual endogamia en la provisión de plazas en nuestros centros, algo en mi opinión bastante negativo aunque en aquel momento a mí me beneficiara). Así inicié, casi desde el mismo momento de mi incorporación, la puesta en marcha de una Unidad de Lesiones Pigmentadas orientada a la prevención y al diagnóstico precoz del melanoma. Durante años compartí este trabajo con otro similar en el ámbito privado, en el Instituto Madrileño de Oncología, donde introduje el primer equipo de dermatoscopia digital disponible entonces en Madrid (año 2000; en La Paz logré el visto bueno para introducirlo en 2003). Perfilé así unos objetivos y adquirí una dinámica de trabajo y una experiencia que alcanzaron su máxima expresión desde 2012 en la actual Unidad de Prevención y Diagnóstico Precoz de Melanoma en CDI, en la que desde entonces trabajo en exclusiva. Mi sueño cumplido.

¿Y qué hizo el principal protagonista de esta historia en aquellos años? Él no optó por la “vía clásica” del hospital público por la que opté yo. Fue más intrépido. Se lanzó directamente a la vía de la dermatología privada, en un momento de mayor incertidumbre que el actual y en el que no contábamos con las opciones diagnósticas y terapéuticas con las que contamos actualmente, tanto en el ámbito médico y quirúrgico como cosmético. Pronto tuve referencias de por dónde quería llevar Ricardo Ruiz su desarrollo profesional entre nosotros. “¿Sabes que el Dr. Ruiz ha empezado a hacer cirugía de Mohs en la privada?” me comentaban algunos colegas, un tanto sorprendidos porque fuera el primero en hacerlo en Madrid, cuando aún no se hacía en ningún hospital público en nuestro medio. Ricardo Ruiz tenía vocación de pionero y ejercía como tal.

En mi opinión tuvo la suerte de coincidir (en proyectos distintos) en Madrid en aquellos años con el Dr. Pedro Jaén. Ambos fueron pioneros en implantar en Madrid una dermatología privada multidisciplinar, de alta calidad técnica y humana, buscando ofrecer un trato exquisito hacia sus pacientes y aportándoles las últimas novedades diagnósticas y terapéuticas. Ambos desarrollaron de forma independiente proyectos de asistencia dermatológica privada parecidos, compitiendo por un nicho de pacientes muy similar, y manteniendo un trato cordial entre ellos. Para el paciente siempre es bueno poder elegir, y la competencia, bien entendida y bien llevada, acaba favoreciendo que salga lo mejor de cada uno y de cada equipo. Los pacientes son, al final, los más beneficiados.

Ricardo Ruiz ha tenido la virtud a lo largo de estos 25 años de ir incorporando en su equipo a dermatólogos jóvenes y brillantes, y lo que es más importante, formados y/o con experiencia profesional en Servicios de Dermatología muy diversos de centros de prestigio como la Clínica Universidad de Navarra, el Hospital Universitario La Paz, el Hospital Universitario 12 de Octubre, la Fundación Jiménez Díaz, el Hospital Universitario de La Princesa, el Hospital Clínico de San Carlos, el Hospital Universitario Fundación Alcorcón, el Hospital Clínico Universitario de Valencia y el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, entre otros. Aquí, a la endogamia, ni está ni se la espera. Y junto a los dermatólogos, otros médicos especialistas formados en áreas que se complementan perfectamente con la dermatología (cirugía plástica, medicina estética, angiología y cirugía vascular, oftalmología y cirugía oculoplástica, ginecología, rehabilitación, anestesia). ¿Qué gran ventaja tiene la procedencia tan diversa de los especialistas que trabajan en CDI? Se ve muy claramente en nuestras sesiones clínico-patológicas periódicas (la incorporación de un laboratorio de Anatomía Patológica propio dirigido por la Dra. Ana Belén Enguita es otra de las actuales singularidades de CDI, que facilita y enriquece enormemente nuestro trabajo). En estas sesiones se presentan y discuten los casos más difíciles y complejos. Contar con la opinión de expertos formados en centros muy diversos permite con facilidad y fluidez poner sobre la mesa y compartir opiniones, opciones y alternativas que probablemente no surgirían si casi todos nos hubiéramos formado en un mismo centro y hubiéramos acumulado una formación teórica y una experiencia práctica muy parecida.

¿Es todo perfecto en CDI? ¿No tengo yo ninguna discrepancia con el Dr. Ricardo Ruiz? En muchos de mis posts acerca de aspectos diversos sobre la prevención, diagnóstico precoz y tratamiento del melanoma suelo apelar a que los lectores “no sean ingenuos”. Pues eso. No seamos ingenuos. Es imposible que dos personas tan distintas como Ricardo Ruiz y yo no hayamos discrepado en algunas cosas. Hace algunos años leí una autobiografía de Eduardo Navarro, ya fallecido, estrecho colaborador (a menudo en la sombra) de Adolfo Suárez durante la Transición. No era el perfil político de los personajes lo que me más interesaba, sino su retrato psicológico, en parte en este caso, autorretrato. Me llamaron mucho la atención las analogías que yo apreciaba en la relación entre Suárez y su colaborador Eduardo Navarro y entre Ricardo Ruiz y yo mismo. En ambos casos está claro quién debía ser y era el líder del proyecto, y por qué. Y el proyecto es más fácil que salga adelante con éxito cuando ese líder (soñador, por otra parte) sabe elegir objetivos viables y rodearse de las personas adecuadas para llevarlos a cabo, o para advertirle de que cambie de objetivos cuando no son viables. Las tensiones cuando las hay, bien canalizadas, ayudan al crecimiento del proyecto. En cualquier caso, quiero dejar claro que mi contribución al desarrollo de CDI ha sido modesta. Celebramos ahora los 25 años de CDI. Yo me incorporé a este proyecto a finales de 2012, hace ahora cerca de 7 años. Ricardo Ruiz y CDI ya llevaban mucho andado, y su equipo, que ya era amplio entonces, ha seguido creciendo en estos años, y se ha nutrido por ello de las aportaciones de muchos médicos y excelente personal no médico, pero igualmente imprescindible para el éxito del proyecto.  

Concluyo este largo post, que refleja desde una perspectiva muy personal mi visión de la trayectoria profesional del Dr. Ricardo Ruiz, del desarrollo de CDI y de cómo yo me he incorporado a este proyecto. Muchas Felicidades, Ricardo, por lo que has logrado en CDI en estos 25 años, y por mantener y transmitir a todo tu equipo la ilusión de afrontar nuevos retos, en beneficio de nuestros pacientes.

www.clinicadermatologicainternacional.com

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