SOL Y VITAMINA D: PREGUNTAS FRECUENTES (I)


La principal fuente de vitamina D en nuestro organismo es la síntesis de esta vitamina en nuestra propia piel en respuesta a la radiación ultravioleta B (UVB). Que en condiciones normales dependamos más de nuestra propia síntesis que de la vitamina D que podamos obtener a través de alimentos ricos en ella (que son muy pocos) hace que muchos expertos consideren que la vitamina D debería ser vista más como una hormona que como una vitamina genuina.

Tradicionalmente los niveles bajos de vitamina D se han relacionado con problemas en la calcificación de nuestros huesos (raquitismo, osteomalacia, osteoporosis), pero en años recientes se ha insistido en el papel de protector de la vitamina D ante enfermedades de naturaleza muy variada (cardiovasculares, metabólicas, inmunológicas) y en particular algunos expertos han hecho énfasis en su posible papel protector frente a diversos tipos de cáncer, incluyendo al melanoma, aunque los datos al respecto son controvertidos, probablemente porque la naturaleza de estas enfermedades es multifactorial y muy compleja, siendo difícil establecer y comprobar el papel protector de factores aislados, como los niveles de vitamina D o la ingesta de suplementos de vitamina D.

Paralelamente a todo ello, se ha observado en diversos estudios epidemiológicos que un importante porcentaje de la población en países industrializados presenta niveles en sangre de vitamina D inferiores a los óptimos. Pero también hay polémica sobre cuál es el límite a partir del cual debemos considerar que la vitamina D está baja y deben tomarse suplementos, o debe tomarse algo más de sol. Algunos expertos lo cifran en 30 ng/ml (yo personalmente lo considero así) y otros expertos lo reducen a 20 ng/ml. Todos estamos de acuerdo en que por debajo de 20 ng/ml deben darse suplementos de vitamina D, o tomar más el sol cuando esto sea factible y las características de nuestra piel lo permitan.

La controversia que rodea a todo este asunto hace que en fechas veraniegas sea muy frecuente que desde diversos medios de comunicación y desde los propios pacientes nos lleguen muchas preguntas acerca de todo lo que rodea a la vitamina D, y en particular acerca de la manera en que la exposición solar puede contribuir a que produzcamos la vitamina D necesaria. En este y en mi próximo post en este blog voy a resumir mis respuestas a algunas de las preguntas que me formulan con más frecuencia. A menudo en los medios de comunicación se recogen las respuestas muy resumidas y algunos conceptos pueden no quedar claros o ser cuestionables si se evalúan fuera de contexto. Aquí mis respuestas pueden verse completas y las afirmaciones más controvertidas se ven en un contexto que ayuda a evitar malentendidos.

Aun así, insisto, se trata de cuestiones abiertas a debate, donde puede haber con facilidad opiniones divergentes entre expertos. Yo, siempre que me pronuncio sobre estos temas, procuro combinar en lo posible rigor científico (hasta donde lo podemos tener en este asunto) con sentido común. Voy con las preguntas:

1. ¿Cuánto tiempo es necesario exponerse al sol para sintetizar la vitamina D?

Es imposible responder con una cifra concreta, porque este tiempo es variable y depende de muchos factores: tipo de piel (fototipo), época del año, hora del día, latitud y altitud a la que uno se encuentra, postura en que se toma el sol y porcentaje de piel expuesta, entre otros factores. Un estudio efectuado hace varios años en la Universidad Politécnica de Valencia revelaba que se necesitaban unos 15 minutos de exposición solar cercana al mediodía en verano, en Valencia, con un 25% de la piel expuesta al sol en una persona con un fototipo III para producir la dosis óptima diaria de vitamina D. En invierno se necesitarían cerca de dos horas, algo inviable en la práctica.
Debemos de tener claro todos que en personas con piel muy clara y sensible o alto riesgo de cáncer de piel lo más práctico y seguro no es decirles que tomen el sol para sintetizar vitamina D, sino prescribirles suplementos orales de vitamina D. Para la mayoría de la población, tomar algo de sol sí puede ser razonable con objeto de producir suficiente vitamina D. Pero siempre con moderación y evitando la quemadura solar.

2. ¿La exposición solar debe ser diaria para mantener los niveles de vitamina D o es acumulativa (el sol que nos da en verano sirve de reserva para la temporada de invierno)?
La vitamina D es liposoluble y se acumula en nuestra grasa y en nuestro hígado. De modo que en verano producimos más, y en invierno consumimos la que hemos acumulado durante el verano. Pero nuestra piel tiene una capacidad limitada de producir vitamina D y tras una exposición solar prolongada se acaba saturando, e incluso una parte de la vitamina D producida se acaba destruyendo. Una exposición solar intensa y prolongada aumenta nuestro riesgo de envejecimiento cutáneo prematuro y de cáncer de piel sin aumentar mucho nuestra producción de vitamina D. Nunca debemos acercarnos a nuestro umbral para poder sufrir una quemadura solar con objeto de aumentar la producción de vitamina D, porque entonces el efecto final conseguido es el contrario.

3. ¿Qué área del cuerpo hay que exponer al sol para que se sintetice la vitamina D? (¿basta con una zona pequeña?)
Si tomamos como referencia ese 25% de nuestra piel mencionado en el estudio de la Universidad Politécnica de Valencia, debemos procurar que no incluya ni la cara ni el dorso de las manos, pues estas zonas están expuestas de forma habitual y sufren más el castigo del exceso de sol, en forma de manchas, arrugas y cáncer de piel. Es mejor exponer sin protección solar la piel del tronco, brazos y piernas. Y cuánta más piel expuesta, mejor (excluyendo cuero cabelludo, cara, cuello, manos y quizás también la zona del escote). Es de sentido común: si la zona de piel expuesta es más amplia, necesitaré menos tiempo de sol para producir la misma cantidad de vitamina D. Y con menos tiempo de sol, el riesgo de quemadura y de cáncer de piel será menor. Exponiendo en verano en torno al 50-75% de nuestra superficie al sol a media mañana o a media tarde durante 10 minutos sin protección solar probablemente sea adecuado para la mayoría de la gente con fototipos intermedios, pieles ni muy claras ni muy oscuras. Al mediodía hay que ir con más cuidado, no lo aconsejo. Y a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde la radiación solar es agradable pero demasiado débil para inducir la síntesis de vitamina D de forma apreciable.

En mi próximo post comentaré algunas preguntas adicionales de interés en relación con este asunto.



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