SOL Y VITAMINA D: PREGUNTAS FRECUENTES (II)


En mi anterior post respondí a algunas preguntas acerca de la exposición al sol y la producción de vitamina D, que con frecuencia nos plantean en estas fechas tanto nuestros pacientes como los medios de comunicación interesados en la información y la divulgación sobre este asunto. El papel de los medios de comunicación en este área es fundamental si aspiramos a que algunos mensajes lleguen con claridad al público general, intentando delimitar aquellas cosas que se pueden afirmar con rotundidad de aquellas otras que son objeto de debate y especulación, incluso entre expertos.

En mi último post trataba 3 cuestiones: tiempo de exposición solar necesario para la producción óptima de vitamina D, zonas corporales y porcentaje de la superficie corporal aconsejable para ello, y capacidad de nuestro organismo de acumular la vitamina D producida en verano para cubrir nuestras necesidades a lo largo de todo el año. Continúo en este post con mis respuestas a dos cuestiones adicionales:

4. ¿Las cremas de protección solar interfieren con la síntesis de vitamina D?

Un estudio recientemente publicado (aún solo en el formato on line) en el British Journal of Dermatology sugiere que el uso de protectores solares no reduce la síntesis de vitamina D. El estudio metodológicamente está muy bien realizado, pero sus conclusiones no son extrapolables de forma general porque los sujetos estudiados son personas de origen polaco y de piel bastante clara (fototipos II y III), que producen más fácilmente la vitamina D, el estudio se realiza en Tenerife, donde la intensidad de la radiación solar es muy elevada, y los fotoprotectores empleados son de factor de protección 15, no muy altos. En latitudes más al norte, en pieles algo más morenas y con índices de protección superiores es posible que el uso de protectores solares sí reduzca la producción de vitamina D. Y algunos estudios epidemiológicos sugieren que es así, aunque es un tema controvertido, en parte por la gran cantidad de factores que influyen sobre nuestra producción de vitamina D, como mencioné en mi respuesta a la pregunta 1 (ver mi anterior post).

5. ¿Cuándo debemos preocuparnos por la carencia de vitamina D?

Si hacemos caso a algunos estudios epidemiológicos recientes observaremos que cerca de un tercio de la población en países industrializados tiene niveles de vitamina D por debajo de los niveles óptimos de 30 ng/mL, y en invierno es probable que la cifra de personas con niveles bajos de vitamina D sea aún mayor. Visto así, casi todas las personas que hacen vida urbana en ambientes cerrados y no soleados y todas las personas que por cualquier motivo se protegen mucho del sol harían bien en medirse al menos una vez la vitamina D a partir de los 30-40 años, para ver por dónde va la cosa en ellos y valorar si puede haber indicación de tomar suplementos orales de vitamina D, al menos en otoño e invierno. Pero algunos expertos consideran que es tan elevado el porcentaje de gente con niveles entre 20 y 30 ng/mL que sólo deberíamos tomar como patológico y recomendar suplementos de vitamina D por debajo de 20 ng/mL. Es un tema controvertido y abierto a debate. A partir de los 55 años hay que estar más pendiente del tema, porque nuestra piel reduce su capacidad de producir vitamina D y aumenta el riesgo de osteoporosis en nuestros huesos. Pero es ingenuo pensar que dando entonces vitamina D solucionamos el problema. Los efectos de la vitamina D en muchos aspectos de nuestra salud se ven a largo plazo. Por eso yo creo que deberíamos evaluar el tema a partir más o menos de los 35 años. Además los niveles bajos de vitamina D han sido relacionados con mayor tendencia a desarrollar enfermedades cardiovasculares, inmunológicas, como la esclerosis múltiple, metabólicas como la diabetes, y con muchos tipos de cáncer. Si unos niveles óptimos de vitamina D tienen algún efecto protector frente a estas enfermedades es seguro que no sería a corto plazo, más bien a muy largo plazo. Así que tenemos bastantes razones para que buena parte de la población, con un sentido preventivo y proactivo, vigile sus niveles de vitamina D a partir de la tercera o cuarta décadas de la vida y tome suplementos si están bajos, al menos en otoño e invierno. Las personas con muy poca exposición solar habitual o que se protegen mucho del sol, con mayor motivo.

Como conclusión, yo diría que tenemos un problema cierto de déficit moderado de vitamina D en una parte significativa de la población, que en algunos casos puede solucionarse simplemente realizando más actividades al aire libre en horas de sol y tomando algo más de sol (¡evitando siempre la quemadura solar!) y que en otros casos puede hacer aconsejable tomar suplementos orales de vitamina D, al menos en otoño e invierno. La opción de tomar algo más de sol vendrá muy condicionada por la latitud y el clima de la zona donde se resida habitualmente. En pieles muy claras y sensibles o con riesgo elevado de cáncer de piel sería preferible recurrir a los suplementos orales de vitamina D cuando se demuestre que esta vitamina está baja. Los fotoprotectores tópicos (“cremas solares”) de alta protección podrían reducir la producción de vitamina D en algunos usuarios. Las cremas solares de protección intermedia probablemente sí permitan la síntesis de vitamina D, entre otras cosas porque con la cantidad de crema habitualmente empleada esa protección en realidad es más baja de lo que pensamos, lo que sí podría permitir la síntesis de vitamina D en nuestra piel.


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