CONFINAMIENTO: ¿DEBEMOS TOMAR AHORA VITAMINA D?



En el pasado post comentaba que muy probablemente nuestros niveles de vitamina D habrán bajado durante el actual periodo de confinamiento, aunque también dejaba claro que para la mayoría de la población esto no tendría consecuencias graves para su salud en el corto plazo.

Alrededor de la vitamina D hay mucha ciencia pero también muchísima ficción. Así que las recomendaciones al respecto con frecuencia resultan muy polémicas, con notables discrepancias incluso entre expertos. ¿Debemos procurar tener todos unos niveles normales de vitamina D? La única respuesta posible es decir que  SÍ. Pero en lo que no nos ponemos de acuerdo es en definir cuáles son esos niveles “normales”. Algunos expertos sitúan la cifra en 30 ng/ml (cuidado con las unidades, porque no siempre se expresa en ng/ml, en cuyo caso la cifra sería otra). En mi opinión es razonable considerarlo así. Pero esto sitúa a un elevado porcentaje de nuestra población teóricamente sana por debajo de estos niveles óptimos. Otros expertos reducen el umbral de la normalidad a 20 ng/ml. La población teóricamente sana con niveles por debajo de 20 ng/ml es mucho más limitada, aunque todavía bastante superior a lo que imaginamos, sobre todo en invierno (y con seguridad, esta primavera confinada y lluviosa, más). Todos los expertos están de acuerdo en considerar muy bajos los niveles de vitamina D situados por debajo de 10 ng/ml. En estos casos siempre hay que dar suplementos de vitamina D (aparte de investigar posibles causas para tener niveles tan bajos y posibles repercusiones, sobre todo en nuestros huesos). Y prácticamente todos los médicos recomiendan suplementos orales de vitamina D con niveles entre 10 y 20 ng/ml. La controversia surge al considerar qué debemos hacer en personas con niveles entre 20 y 30 ng/ml, lo que algunos expertos califican como “insuficiencia d vitamina D”, más que como genuina deficiencia.

Las necesidades diarias de vitamina D en un adulto están en torno a 800 unidades internacionales (UI) diarias. O en torno a 24.000 UI mensuales. Los preparados con la dosis para una única toma mensual suelen necesitar receta médica, y es muy importante que nadie se confunda y se tome esa dosis a diario, porque eso conduciría a una grave intoxicación por exceso de vitamina D. Sin embargo, con la dosis diaria o mensual correcta el riesgo de sobredosificación y toxicidad es prácticamente nulo. Si alguien decide tomar ahora esos suplementos con dosis en torno a 800 UI diarias (o 24.000 UI al mes) durante 4-6 meses suplirá sin riesgos el más que probable déficit causado por el confinamiento. Si todos conociéramos nuestros niveles previos al confinamiento, sería más fácil decidir quién debe tomar esos suplementos ahora y quién no. En caso de duda tomarlos de esta forma no nos va a plantear ningún problema y beneficiará a quienes los tengan más bajos.

En cualquier caso habrá quien se pregunte: ¿es muy importante para nuestra salud ahora tomar esos suplementos? ¿Podría ser grave no hacerlo? Si analizamos la larga lista de procesos fisiopatológicos en los que parece implicada la vitamina D, uno estaría tentado inmediatamente a responder que SÍ. Veamos. La vitamina D participa en los siguientes procesos (aunque con mayor papel en unos que en otros):

- Metabolismo fosfo-cálcico y mantenimiento de nuestra salud ósea.
- Regulación de la respuesta inmnológica: protección frente a enfermedades autoinmunes e       infecciosas.
- Regulación de nuestro metabolismo. Protección frente a enfermedades metabólicas como la diabetes mellitus.
- Mantenimiento de nuestra salud cardiovascular.
- Efecto diferenciador celular y antitumoral. Protección frente a numerosos tipos de cáncer, con datos experimentales y epidemiológicos especialmente relevantes para el cáncer de colon.

Tras leer esta amplia lista de efectos potenciales de la vitamina D sobre nuestra salud, muchos pensarán que su salud podría verse amenazada a múltiples niveles si los niveles de vitamina D bajan, y consecuentemente pensarán que es muy importante tomar suplementos de la misma. Bien, en ciencia-ficción podemos llegar en nuestras especulaciones tan lejos como nuestra imaginación nos lo permita. Sin embargo, en ciencia o en medicina sin ficción sólo podemos llegar hasta donde nos lo permitan los resultados de los ensayos clínicos disponibles. Y estos datos en gran parte están desinflando el globo de la vitamina D. Ni es probablemente tan malo tener niveles entre 20 y 30 ng/ml ni arreglamos casi nada cuando tomamos suplementos de esta vitamina, salvo que partamos de niveles verdaderamente muy bajos. Tres ejemplos:

-Una revisión sistemática y un metaanálisis publicado en 2017 en el Journal of theAmerican Medica Association (JAMA)  no reveló que la administración de calcio y/o vitamina D redujera la incidencia de fracturas en ancianos viviendo en residencias.

-Un estudio publicado en 2019 en Cancer Prevention Researh no reveló efecto significativo alguno de la administración de calcio y/o vitamina D sobre la aparición de pólipos en el colon, incluso tras varios años de concluido el periodo del estudio inicialmente previsto.

-Un estudio publicado en 2019 en el prestigioso New England Journal of Medicine no reveló efecto beneficioso significativo de la administración de vitamina D sobre la incidencia de cáncer o la incidencia de enfermedades cardiovasculares en varones mayores de 50 años o en mujeres mayores de 55 años.

Son simples ejemplos publicados en revistas de prestigio. Hay muchos más similares. Algo se nos escapa en relación con el papel de la vitamina D en nuestra salud, y puede que haya sido sobreestimado en años recientes. Nadie discute la necesidad de dar suplementos cuando los niveles están muy bajos para evitar el raquitismo en la infancia o la osteomalacia en adultos. Pero todo lo demás es bastante discutible. Es posible que los beneficios de la vitamina D sobre nuestra salud general sólo se vean cuando partimos de niveles muy bajos, y la mayoría de la población (incluida la ahora confinada) tendrá como mucho niveles moderadamente bajos de esta vitamina. Es posible que se necesiten estudios con seguimiento mucho más largo para apreciar los posibles beneficios. Es posible que para algunas enfermedades hubiera que haber empezado a tomarla mucho antes. O bien, es simplemente posible que los niveles de vitamina D sean meros marcadores de diferentes estilos de vida más o menos saludables. Por ejemplo, es esperable encontrar niveles más altos en una persona que haga deporte habitual al aire libre que en una persona sedentaria y obesa que pase gran parte de su tiempo metido en su casa o en su oficina. Su salud estará mucho más influenciada por su estilo de vida que por la vitamina D, aunque se correlacione en diferentes ámbitos con los niveles de vitamina D.

Si a día de hoy alguien con niveles de vitamina D por debajo de 20 ng/ml me pide consejo yo le diría que tome suplementos de vitamina D (y es probable que mucha gente en este momento se encuentre en esta situación, aunque muy pocos estarán por debajo de 10 ng/ml). Y si alguien con niveles entre 20 y 30 ng/ml me pide consejo, le sugeriría que tomara suplementos de vitamina D en otoño e invierno, con confinamiento o sin él. Esperando alcanzar así unos niveles teóricamente óptimos de vitamina D por encima de 30 ng/ml. Pero sin ninguna certeza de que eso vaya a influir directamente en su estado de salud, o de que si no lo hace vaya a ser claramente perjudicial. Porque esa certeza, a día de hoy, no la tenemos. No la podemos negar, pero no la tenemos. Salvo en nuestra imaginación.





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