¿PUEDE AFECTAR EL CONFINAMIENTO A NUESTROS NIVELES DE VITAMINA D?




Con seguridad, SÍ. Bajarán en estos meses nuestros niveles de vitamina D. ¿Y es esto peligroso para nuestra salud? En el corto plazo, en general NO. Podemos por ahora estar tranquilos. Lo que no excluye que para muchas personas sea razonable en estas condiciones tomar suplementos de vitamina D. Lo iré explicando en este y en próximos posts.

La principal fuente de vitamina D en nuestro organismo es la que produce nuestra propia piel en respuesta a la luz ultravioleta B (UVB) procedente del sol. En este sentido quizás sería más correcto considerar a la vitamina D como una verdadera hormona. La dieta no suele aportarnos más allá del 20% de la dosis diaria que necesitamos, salvo si ingerimos alimentos enriquecidos artificialmente en vitamina D (frecuente en países con poco sol) o tomamos suplementos de vitamina D. Por ello, en nuestro medio, los niveles de vitamina D suelen estar más altos en verano y más bajos en invierno. Esto plantea un primer problema obvio en relación al actual confinamiento: se ha iniciado a mediados de marzo, justo cuando los niveles séricos de vitamina D estarán más bajos en todos nosotros. Y permaneciendo en nuestros domicilios y sin apenas exposición solar esos niveles lo único que pueden hacer es bajar aún más. ¿Nos puede traer esto problemas de salud en el corto plazo?

Aquí conviene detenerse en cómo se distribuye la vitamina D en nuestro organismo. Se trata de una vitamina liposoluble, lo que implica que buena parte de ella se almacena en nuestro tejido graso y en nuestro hígado. Cuando nuestros niveles en sangre bajan, vamos tirando de nuestras reservas. Así que, salvo que partiéramos de niveles ya muy bajos de vitamina D, es improbable que un confinamiento de “pocos meses” sea directamente perjudicial para nuestra salud en términos de disponibilidad de vitamina D. No nos quedamos sin ella de un día para otro.

Hay que ser más cauto con los recién nacidos y los niños muy pequeños, en pleno desarrollo de su sistema músculo-esquelético. El déficit importante de vitamina D sí podría acarrear a corto-medio plazo alteraciones óseas que conocemos como raquitismo y en casos severos problemas por hipocalcemia. En nuestro medio, como los dermatólogos llevamos años insistiendo en que los niños pequeños no se expongan “a tomar el sol”, los pediatras sistemáticamente recomiendan suplementos vitamínicos con dosis suficientes de vitamina D a muchos niños en sus primeros años de vida, y prácticamente a todos en su primer año de vida. A un niño que toma estos suplementos el confinamiento no debería causarle mayores problemas en relación con la vitamina D. En caso de duda, o en caso de que no los tomen (muchos niños a partir de los 2 años ya no los toman), aconsejo consultar con el pediatra. Una consulta que se puede hacer perfectamente por vía telefónica o telemática.

Si el confinamiento se relaja en las próximas semanas (algo que está por ver, según cómo evolucione la epidemia), permitiendo a los niños salir a la calle por un tiempo limitado (y obviamente sin contacto próximo con otros niños), sería razonable hacerlo aprovechando horas de bastante sol, aunque evitando justo el sol del mediodía a partir de mayo. Si el tiempo lo permite, 10 minutos diarios de sol sin protección hacia los 12 horas o hacia las 17 horas en buena parte de su cuerpo (al menos, brazos y piernas) sería aconsejable. Pero no mucho más, para evitar quemaduras solares. El resto del tiempo, con protección solar (sombra, ropa, gorra o cremas solares, según las circunstancias). En los niños de piel más clara y sensible habrá que ir al principio con más cuidado. La piel no expuesta al sol de forma prolongada reduce sus defensas frente al mismo (melanina y grosor de la capa córnea), y se puede quemar con más facilidad. A los niños menores de 2 años mejor no exponerlos directamente a tomar el sol, y optar por los suplementos de vitamina D.

En los adultos el planteamiento cambia algo. La vitamina D mantiene un importante papel en el metabolismo del calcio y en la salud de nuestros huesos, así como en una amplia serie de otros procesos fisiopatológicos, pero los posibles efectos negativos de un déficit de vitamina D en personas previamente sanas sólo se verían a largo plazo y modulados por muchos otros factores. En mi próximo post me detendré algo más en ello. Pero adelanto: muchos de ustedes ya habrán leído algo sobre la multitud de funciones de la vitamina D en nuestro organismo y podrían pensar que con los niveles probablemente bajos de vitamina D en la actualidad estarán irremediablemente condenados a padecer multitud de enfermedades. ¡FALSO! El papel de la vitamina D en esas eventuales enfermedades (que detallaré en mi próximo post) es en general débil, porque son procesos muy complejos, multifactoriales y de desarrollo en general muy lento. Sólo sería un problema el déficit de vitamina D si partiéramos de cifras ya muy bajas (que no es el caso de la mayoría de la población) y se mantuvieran así de forma prolongada.

Un déficit moderado (que sí debe ser frecuente ahora) y no prolongado no es peligroso en el corto plazo. Así que de momento, tranquilidad. Esto no excluye tomar ahora suplementos de vitamina D, con asesoramiento médico. De hecho, los niveles ligeramente bajos de vitamina D (lo que se denomina insuficiencia de vitamina D) sí son muy frecuentes en adultos, especialmente durante los meses de invierno. Así que tomar suplementos de vitamina D en otoño, invierno y comienzos de la primavera puede ser aconsejable para bastantes personas, con confinamiento o sin él, aunque siempre mejor con asesoramiento médico, confirmando de qué niveles partimos y descartando alguna contraindicación para su ingesta. En cualquier caso, el uso extendido de suplementos de vitamina D en adultos sanos es un tema muy controvertido y en el que no es momento de entrar ahora. Pero con el actual confinamiento sí puede ser razonable plantearlo en muchos casos, sobre todo si se prolonga más de lo inicialmente previsto.



Comentarios

Entradas populares