MASCARILLAS Y COVID-19: LO QUE DEBES SABER Y LO QUE DEBES EVITAR




En mi anterior post defendí que en el momento actual TODOS deberíamos usar mascarillas, al menos en los transportes públicos (nuestro Gobierno lo hace obligatorio en ellos desde hoy), en espacios cerrados y en cualquier espacio abierto en el que se pudiera coincidir en cierta proximidad con otras personas. De hecho sigo pensando que en todas esas circunstancias a día de hoy su uso debería de ser obligatorio, excepto cuando uno esté bebiendo o comiendo en los locales habilitados para ello. Y haría especial énfasis en centros comerciales, por la cantidad de gente que a diario pasa por ellos, la cantidad de gente que cada uno se cruza y la imposibilidad de controlar qué pasa si una persona tose en proximidad de los miles de productos expuestos para que cada persona los toque (algo que sólo deberíamos hacer cuando sea estrictamente necesario), los coja y los compre. Y todo ello complementando, nunca sustituyendo, a otras cuatro medidas básicas: limpieza frecuente de manos (que debería ser obligatoria en mi opinión también al entrar en cualquier centro comercial), evitar tocarse con ellas la cara (y cuando sea imprescindible, tras un lavado de manos inmediatamente antes), limpieza frecuente de superficies y objetos compartidos y distancia social. Son en total cinco medidas básicas, sencillas, a lo mejor no siempre cómodas pero en general de coste y esfuerzo asumible por TODOS. Y de hecho, su ÉXITO depende de que TODOS las apliquemos, SIEMPRE que debamos.

Puede ser que en algún momento alguna medida concreta nos resulte difícil de aplicar. Por ejemplo, no siempre va a ser fácil mantener la distancia social óptima en un medio de transporte público. Otro ejemplo muy obvio: ¿correr con mascarilla? A muchas personas les resultará tremendamente incómodo y sofocante correr con ella. Esforcémonos en esos momentos en ser aún más rigurosos con las medidas que sí podamos aplicar (corriendo, por ejemplo, evitemos hacerlo en espacios muy concurridos y aumentemos la distancia entre corredores, procurando además no alinearse uno detrás de otro en línea recta). Todas las medidas que podamos tomar suman. El efecto es sinérgico. El riesgo 0 no existe, no es una opción razonable en casi ninguna faceta de nuestra vida, con coronavirus o sin él. Pero podemos minimizarlo hasta niveles perfectamente compatibles con una vida casi normal en TODOS los ámbitos, algo imprescindible para salir de esta crisis sanitaria, económica y social, y dejarla atrás además de forma rápida.

Los tests pueden ayudarnos, y mucho, en la lucha contra este coronavirus. Pero también tienen sus limitaciones. Las cinco medidas antes mencionadas, resumibles en la tríada mascarilla-limpieza-distancia social, son fáciles de llevar a cabo por TODOS y de forma INMEDIATA (otra cosa es que ya lo estemos haciendo como deberíamos). Sin embargo, pensar en aplicar a TODA la población y de forma INMEDIATA tests como la PCR (para ver si en ese momento tienes el virus) o pruebas inmunológicas para ver si lo puedes estar pasando o si ya lo has pasado, simplemente no es viable, incluso en el mejor escenario imaginable. En el mejor de los casos nos llevaría muchas semanas, o meses. Y sería muy discutible si verdaderamente toda la población necesita hacérselo a corto plazo, aunque no sea discutible que se le debería de haber hecho ya a mucha más gente de la que se le ha hecho, con énfasis en el colectivo sanitario, tanto por su elevado riesgo de contagiarse como por el elevado riesgo de contagiar a sus pacientes y a sus propios familiares. Aparte, no debemos olvidar que todos los tests tienen limitaciones de sensibilidad (falsos negativos) y especificidad (falsos positivos). Y la interpretación de sus resultados es aún controvertida, algo que no suele trasladarse a la población general, que piensa que el resultado se lee e interpreta en términos de blanco  o negro, pero que conocemos bien los médicos, que asistimos a foros donde se plantean las controversias y vemos que a veces las cosas se leen e interpretan realmente en escala de grises. ¿Pueden ayudarnos los tests a definir mejor la evolución epidemiológica de la covid-19? Sin duda, SÍ. ¿Pueden ayudarnos a detectar portadores asintomáticos o presintomáticos, algo especialmente importante entre contactos de enfermos y entre personal sanitario, personal de residencias y personal que trabaje en contacto con mucha gente? Sin duda, SÍ. Pero esto NO se le puede hacer a TODO el mundo y YA MISMO. Sin embargo, la tríada mascarilla-limpieza-distancia social es aplicable por TODO el mundo desde YA MISMO. Y en este momento, como sociedad, no podemos fallar. Es una suma de responsabilidades individuales en la que todos debemos participar. Sin obviar quién tiene la responsabilidad de hacer que algunas medidas sean durante un cierto tiempo de obligado cumplimiento, y de saber explicar didácticamente por qué.

He hecho esta larga introducción porque creo que antes de exponer qué tipo de mascarillas tenemos y cómo y cuándo utilizarlas es muy importante que TODOS tengamos claro por qué AHORA es tan importante que lo hagamos. No cuando haya un nuevo rebrote en uno o en 6 meses. AHORA. Para que después, además, no los haya. O sean mínimos. Y como dije en mi post anterior, yo no soy un experto en la materia. Yo me dedico a la prevención  y al diagnóstico precoz del melanoma. Pero algo sé y sobre todo algo he tenido que aprender en estas últimas e intensas semanas. Me voy a centrar en resumirles qué tipo de mascarillas hay (centrándome en las de acceso para la población general) y en mencionar dos importantes errores que no deberíamos cometer con ellas. Hay cuestiones técnicas de su uso y mantenimiento que deben ser aclaradas o bien con el fabricante o bien con expertos en la materia.

1. Tipos de mascarillas: me centro en los 3 grupos de mayor interés para la población general, las quirúrgicas, las sanitarias y domésticas, y las autofiltrantes FFP2, con/sin válvula de exhalación.

a) Mascarilla quirúrgica: la clásica mascarilla con la que estamos habituados a ver operar a la mayoría de cirujanos. Bajo coste (aunque si la renovamos a diario, que es lo aconsejable, el coste acumulado ya no sería tan bajo) y en general cómodas de llevar. NO EVITAN que quien la lleva se pueda contagiar, pero SÍ REDUCEN MUCHO las posibilidades de que quien la lleva contagie a otros, en el caso de que fuera un portador del virus asintomático, presintomático o ya enfermo. Si no evitan que quien la lleva se contagie, uno podría pensar: no me protege. ¡FALSO! ¡Claro que te protege! Lo que pasa es que aquí la clave es que TODOS los que te rodean también la lleven (de éste o de otro tipo, con alguna excepción que más adelante menciono). A ti en realidad te protegen las mascarillas de los demás, por si entre ellos hubiera algún portador del virus. Y la tuya protege a los demás, por si el portador, sin saberlo, fueras tú. Si las llevamos TODOS, nos protegemos TODOS. ¿Cabe mayor gesto de solidaridad y responsabilidad social en este momento? Porque así estamos protegiendo especialmente a nuestros mayores, a nuestro sistema sanitario, a nuestra economía productiva y al conjunto de la sociedad. En algunos momentos ha habido escasez de estas mascarillas, en vías de solución. Pero hay otra opción, igualmente válida, la siguiente.

b) Mascarillas sanitarias y caseras: con seguridad su rendimiento puede ser algo inferior al de las genuinas mascarillas quirúrgicas. Pero siempre será mejor llevarlas que no llevar ninguna. También de bajo coste, y con la ventaja de que se pueden lavar y reutilizar, aunque para esto habrá que ceñirse a las instrucciones del fabricante en el caso de las mascarillas sanitarias, y al sentido común, evitando ponerse una mascarilla con signos obvios de deterioro y puntos evidentes de fuga. Se trata siempre de poner la mayor barrera disponible a la dispersión de gotas y microgotas de saliva que emitimos casi sin darnos cuenta al hablar, estornudar o toser. En esas gotitas viajan los virus que tan activamente se replican en la nasofaringe/garganta de las personas infectadas, tengan síntomas o no, y sepan que están infectadas o no (y el mayor problema para la difusión descontrolada del virus está en los que no lo saben). Lo dicho con las quirúrgicas se aplica igual a éstas. A ti directamente no te protegen, protegen a los que te rodean y/o evitan depósitos de virus en superficies y objetos próximos a un portador que hable o tosa.

c) Mascarillas filtrantes FFP2 (a veces denominadas N95): estas mascarillas sí están diseñadas para que quien las lleva no se contagie. Uno pensaría: ¡pues mejor! ¡todos a por ellas! Pero tienen algunos inconvenientes relevantes. Su coste es mucho mayor y su disponibilidad es mucho menor. Son además mucho más incómodas de llevar y con ellas se respira con mayor dificultad. No es fácil aguantar con ellas muchas horas cada día y todos los días. Más incómodas aún son las FFP3, con mayor nivel de protección. Por ello sólo se consideran la opción idónea para personas expuestas a ambientes con alta carga viral y alto riesgo de contagio. Ejemplo típico: personal sanitario atendiendo a pacientes con covid-19. Habría muchos más ejemplos al respecto, pero no son las circunstancia habituales entre la población general. Un punto crítico en relación con mascarillas FFP2 es si llevan o no válvula de exhalación, un pequeño accesorio redondeado ligeramente prominente en su parte anterior. Parte de los usuarios se ha hecho con este tipo de mascarillas, y muchos pensarán que con ese aspecto más sofisticado además son mejores. ERROR. Es más, ahora son un peligro. ¿Por qué? La válvula de exhalación reduce la humedad y facilita la respiración. Para el usuario es más cómoda. Y al usuario le protege igualmente del contagio. ¿Cuál es el problema entonces? La mayoría de tipos de válvula de exhalación sí permite la difusión hacia el exterior de microgotas del propio usuario, y el paso de virus. Si el usuario fuera un portador asintomático del virus, con este tipo de mascarilla podría contagiar a quienes le rodean o dejar virus en objetos y superficies próximas a través del aire. Justo lo contrario de lo que debemos perseguir entre TODOS en este momento. En mi opinión, las mascarillas autofiltrantes FFP2 con válvula de exhalación deberían estar ahora formalmente desaconsejadas (incluso prohibidas) salvo si van a ser utilizadas por personal sanitario o algún otro tipo de personal para el que aporten ventajas y SIEMPRE con la certeza de que esa persona no está contagiada. Si uno opta por adquirir una mascarilla FFP2, la opción aconsejable ahora es que NO tenga válvula de exhalación. Por si uno fuera un portador asintomático, sin saberlo. Estas mascarillas suelen permitir un uso repetido durante cierto número de días, aunque deben seguirse las recomendaciones del fabricante respecto a su mantenimiento.

Dejo para el final del post una cuestión MUY IMPORTANTE: ¿qué no debemos hacer nunca con una de estas mascarillas? Pues convertirla en un vehículo de potencial contagio o facilitador del contagio para quien la lleva. Esto generó al principio de esta crisis ciertas reticencias hacia las mascarillas en nuestro medio, reticencias que como es muy obvio para todos no se dan en los países asiáticos más habituados a padecer este tipo de problemas y a enfrentarse a ellos con mayor rapidez y éxito. Ante el más mínimo riesgo, recurren inmediatamente al uso generalizado de mascarillas, como es obvio para cualquiera que vea imágenes recientes o actuales de dichos países, en transportes públicos, en espacios cerrados, en las calles o en otros espacios abiertos con cierta acumulación de gente. Por supuesto, si uno está comiendo en un restaurante se la quita y no pasa nada, porque si entre todos conseguimos que no haya apenas contagios y que el entorno sea globalmente seguro (que es a lo que ahora debemos aspirar nosotros), también lo será sentarse a comer en cualquier restaurante, aunque estemos durante ese rato sin mascarilla y con una prudente distancia social que sea compatible con la viabilidad del propio restaurante, junto a estrictas normas de limpieza en manos, superficies y objetos. Por supuesto, todo el personal del restaurante SIEMPRE con mascarilla. Tengámoslo muy claro: allí donde nadie lleva el virus y/o nadie lo deposita, nadie se contagia. Volvamos al principio de este párrafo: ¿qué no debemos hacer con una mascarilla? Me centraré en dos cuestiones especialmente relevantes:

-Al manipularla, deberemos evitar tocar su cara interna, la que quedará en contacto con nuestra nariz y nuestra boca. Y para evitar riesgos, al manipularla, y tanto si llevamos guantes como si no, deberemos haber procedido antes a una cuidadosa higiene de nuestras manos. ¿Por qué? Si hubiéramos tocado antes cualquier objeto o superficie que pudiera contener virus, podrían haberse depositado en nuestra mano o nuestro guante partículas virales, y si tocamos entonces la cara interna de la mascarilla podríamos depositarlas ahí, y después inhalarlas nosotros y contagiarnos. En realidad es un mecanismo improbable, porque la carga viral en objetos y superficies suele ser baja, si la hubiera, y muchos virus probablemente ya no serían viables. Pero no es imposible que una manipulación inadecuada facilite el contagio en algún caso. Así que siempre al manipular mascarillas, limpieza previa de manos y no tocar su cara interna. Esto afecta por igual al usuario que a quienes las estén vendiendo o distribuyendo.

-Al colocarla, al retirarla o mientras se lleva puesta hay que tener el cuidado de manipularla sin tocarse la cara, en especial los ojos, nariz y boca, por el mismo motivo. Por si en ese momento pudiéramos llevar partículas virales en nuestra mano, tanto con guante como sin él. Así es que siempre mejor que al colocarla, retirarla o manipularla, nos limpiemos antes las manos (insisto, tanto si llevamos guante como sin él), o al menos seamos muy cuidadosos en la forma de hacerlo, sin tocarnos la cara.

Como vemos estos problemas son fácilmente evitables si somos cuidadosos. Y me parece muy obvio que el beneficio de que TODOS llevemos mascarilla en este momento, evitando así multitud de potenciales contagios, supera con creces a la remota posibilidad de que alguien se contagie por manipulación indebida de la misma. Pensemos además que si TODOS las usamos, la carga viral en nuestro entorno será mínima o nula, de forma que incluso si alguien la manipula mal, no portará virus ninguno en sus manos y no se contagiará.

Hay un tercer problema potencial que me parece tan obvio que casi me da vergüenza comentarlo, pero lo diré: LAS MASCARILLAS NUNCA SE COMPARTEN. Son para un único usuario.

Como CONCLUSIÓN, la tríada mascarilla-limpieza-distancia social no nos ofrece un riesgo 0 de contagio, pero lo hace extremadamente improbable para la población general en nuestro devenir habitual y nos debería ayudar a salir antes de la actual epidemia y a evitar futuros rebrotes mientras el virus pueda circular entre nosotros. Si TODOS aplicamos en este momento estas medidas de forma habitual, nuestra vida será sin duda mucho más segura y mucho más tranquila. A veces algo más incómoda, pero nos jugamos mucho TODOS en ello. Y esto incluye, por supuesto, a todo lo que concierne a sectores de tanta importancia para nosotros como restaurantes, espectáculos de todo tipo y turismo. Reducir la carga viral en nuestro entorno (incluso suprimirla en amplias zonas) y llevar el número de contagios a prácticamente cero es una tarea urgente y factible que nos concierne a TODOS. De hecho la clave de un éxito rápido está en la palabra TODOS. Y entonces habrá medidas que se podrán relajar en algunos de estos sectores particularmente problemáticos sin apenas riesgos. Y estaremos mucho más cerca de superar mucho más rápido esta crisis sanitaria, económica y social. Aunque algunas cosas y en algunos momentos no sean como antes o no las hagamos como antes.

Acabo este post casi como acababa el anterior. Jugamos una dramática partida contra este virus. Él se ha demostrado bastante imprevisible. Pero los inteligentes somos nosotros. Y el siguiente movimiento nos toca a nosotros. A cada uno de nosotros. Tenemos entre TODOS la victoria al alcance de la mano. Pero cuando cada uno falla en sus decisiones y en sus actos, todos estamos un poco más cerca de perder la partida.




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