COVID-19: EL PRÓXIMO RETO SERÁ LA VACUNA…PERO DE LA GRIPE



Se habla mucho de la vacuna frente al virus SARS-Cov-2. Hay múltiples estrategias en marcha para conseguirla, como se refleja en las excelentes revisiones al respecto publicadas recientemente en las prestigiosas revistas Immunity y Cell Hostand Microbe. Algunos grupos españoles, como los liderados por Luis Enjuanes y por Mariano Esteban, ambos en el Centro Nacional de Biotecnología (CSIC-UAM) participan activamente en esta carrera. Y ya hay algunos prototipos de vacunas que han empezado a ser inyectadas en voluntarios sanos, en estudios en fase 1. Aunque muy preliminares, son buenas noticias.

Pero no seamos ingenuos. Lean el trabajo al respecto publicado hace pocos días en Science y firmado entre otros por Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas e Infecciosas de EEUU. Producir prototipos de vacunas y ensayar su inmunogenicidad y toxicidad directa en humanos es relativamente fácil con la tecnología disponible hoy en día. Aun así, dependiendo del tipo de vacuna, puede llevar su tiempo, más de lo que ahora mismo a todos nos gustaría. Pero esto no nos dice mucho sobre su eficacia y seguridad en condiciones reales de exposición humana al virus, porque los voluntarios en los que se inyectan los prototipos de vacuna en los estudios en fase 1 no son expuestos inmediatamente después al virus. Una vez que sepamos que algunos prototipos de vacunas resultan inmunogénicas y que no tienen un efecto tóxico directo deberemos de probarlas en condiciones reales de exposición al virus. Porque es en este escenario donde debe demostrarse su eficacia y toxicidad reales. Algunas formas de respuesta inmunológica generadas por la vacuna podrían ser insuficientes para protegernos de covid-19, e incluso podrían potenciar la letalidad de la enfermedad. De hecho, una de las características de las formas graves de covid-19 es una respuesta inmunológica e inflamatoria excesiva y descontrolada frente al virus, probablemente mediada por anticuerpos, complejos virus-anticuerpo y nuestros macrófagos. En qué medida las diferentes opciones de vacuna frente a SARS-Cov-2 podrían protegernos de esto o potenciar esto, y en qué porcentaje de pacientes lo harían es, simplemente, una incógnita. Me parece bastante plausible que al igual que nuestra genética podría haber condicionado mucho el curso tan variable de la covid-19 entre diferentes pacientes, condicione también mucho el tipo de nuestras respuestas a diferentes vacunas. No seamos ingenuos. La ficción con final siempre feliz vamos a dejarla para las películas de Walt Disney. Aquí hay muchísimo por investigar aún antes de tener resuelto cuáles serán las mejores opciones de vacuna, producirlas masivamente y distribuirlas a casi toda la población, con certeza de eficacia y un perfil de toxicidad asumible.

¿Cuáles serán los pasos que inevitablemente deberán darse con los prototipos de vacunas que superen los ensayos en fase 1 y fase 2? Las vacunas deberán ser probadas entonces en un número inevitablemente muy alto de personas en zonas de epidemia activa, donde sea previsible un número elevado de contagios (situación en sí misma indeseable dadas las catastróficas consecuencias sanitarias y económicas que conlleva y su alto coste en vidas humanas), o deberemos probar la vacuna en un número también elevado de voluntarios, a priori sanos y a posteriori no tan sanos, que serán expuestos posteriormente y de forma intencional al virus, para poder evaluar su eficacia y toxicidad (lo de “no tan sanos” lo menciono porque una vacuna que funcione bien en gente joven y sana donde es muy probable que se pruebe inicialmente no es seguro que ofrezca la misma protección en personas mayores y con patología crónica, que sin embargo es el sector de la población que más interesa proteger). Todo deberá hacerse siguiendo unos protocolos muy estrictos, con la esperanza de que las cosas vayan bien, pero perfectamente conscientes de que podrían ir mal, y que o bien por falta de eficacia o bien por toxicidad hubiera que lamentar enfermedad grave con potenciales secuelas e incluso algunas bajas entre esos voluntarios que la hayan recibido inicialmente y hayan sido expuestos intencionalmente al virus. La opción de probar estas vacunas antes en animales no es actualmente realista porque no tenemos de momento modelos animales de covid-19 óptimos para ello, alargaría mucho los plazos y tampoco garantizaría resultados similares en humanos. Aunque se hagan algunos estudios en animales, serán de utilidad limitada. Los desafíos científicos, logísticos y éticos para poner a punto una, o mejor, varias vacunas frente a SARS-Cov-2 son enormes, y las posibilidades de tenerlas disponibles para ser fabricadas y dispensadas de forma masiva antes de 18 a 24 meses con garantías de eficacia y seguridad son muy escasas. La ciencia-ficción es una cosa, el marketing es otra y la realidad es…la realidad. No descarten que estas vacunas, de hecho, tengan algunos riesgos inevitables. Como tantas veces en medicina, habrá que evaluar la relación beneficio/riesgo, transmitiendo información veraz y comprensible a la población, y tomando decisiones responsables. Es posible que la excepcionalidad de la situación (tanto en la esfera sanitaria como económica y social) nos lleve a acortar algunos plazos. Inevitablemente, aumentarán las incertidumbres y los riesgos. Con todo, los resultados finales podrían ser buenos. La cuestión será decidir cuál es el nivel de incertidumbre y riesgo que nuestra sociedad está dispuesta a asumir de forma madura y responsable en este punto, si se decide apostar por acortar unos plazos que en otras circunstancias menos dramáticas nunca se acortarían. Porque pasar de héroe a villano en asuntos médicos es lamentablemente demasiado fácil,  a poco que las cosas no acaben…como en las películas de final feliz.

A la vista de algunas informaciones recogidas por la prensa recientemente y transmitidas en la red de redes en la que estamos inmersos, y después de lo dicho en los párrafos anteriores, ¿es realista pensar que tendremos una vacuna frente a covid-19 de seguridad y eficacia probadas y capaz de ser fabricada y administrada de forma masiva para este próximo otoño? No seamos ingenuos y no seamos estúpidos. NO. Lo que sí tendremos en nuestro entorno a partir de octubre son dos cosas: riesgo de repunte de covid-19…y GRIPE.

Se hizo muy popular comparar al principio de esta pandemia a la covid-19 con “una simple gripe”, para evitar alarmismos. El error era obvio. Y también se ha hecho muy popular ahora reconocer que la covid-19 es mucho peor que una gripe. ¡Cuidado también con esto! Para las formas habituales de gripe entre nosotros tenemos vacuna. Y buena parte de la población de mayor riesgo para padecerla con complicaciones (personas mayores de 65 años, personas con enfermedades crónicas u otras condiciones debilitantes, embarazadas) o para contagiársela a esas personas (personal sanitario, personal de residencias y centros de mayores, y personas que conviven con ellas de forma habitual) se vacuna todos los años. Esto reduce mucho la gravedad de las sucesivas oleadas de gripe en nuestro medio y el estrés que podría llegar a crear en nuestro sistema sanitario. Y aun así, a veces lo crea, entre otras cosas porque el porcentaje de vacunaciones queda lejos del 100% de las personas de mayor riesgo (en nuestro medio suele estimarse que se vacuna en torno al 60% de la población de riesgo). Ni fue bueno minimizar la gravedad potencial de covid-19 al principio de su pandemia, ni sería bueno ahora minimizar la gravedad potencial de la gripe en una población que por las circunstancias que fuera estuviera inadecuadamente protegida o sometida a otros factores agravantes. De hecho, las cifras de la gripe en España en los últimos años nos sitúan en torno a unos 600.000 casos anuales (con datos que fluctúan entre diferentes años), unos 40.000 pacientes anuales hospitalizados, unos 2.500 en UCI, y alrededor de 6.000 muertos anuales (en algún año reciente, más), muchas veces al asociarse con patología previa que se complica. Esto nos puede parecer poco a la vista de las dimensiones que ha alcanzado la epidemia de covid-19 entre nosotros y en tan poco tiempo.  Pero una vez más, no seamos ingenuos. La gripe es una amenaza seria y real. Distinta a covid-19, sin duda. Pero si algunas circunstancias dificultaran una amplia cobertura vacunal frente a la gripe en el próximo otoño, el problema sanitario podría ser tan grave como lo ha sido covid-19 en meses pasados, y la combinación de ambos generaría una situación extremadamente grave y difícil de manejar de cara al otoño e invierno próximos.

El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud ya ha emitido sus Recomendaciones para la vacunación dela gripe de cara a la temporada 2020-2021, indicando la composición que deben tener las vacunas, así como los grupos de población diana de la misma, con el objetivo de partida de que se alcance el 75% de cobertura vacunal en estos grupos. ¿Se podrá cumplir esto en la era covid-19? En mi próximo post, continuación de este, indicaré por qué debemos tener ahora todos poderosas razones para desear que así sea, al menos de cara al próximo otoño. Pero eso no sólo lo vamos a pensar nosotros. Todos los países de nuestro entorno van a pensar lo mismo y al mismo tiempo. Y la capacidad de producir dosis masivas de la vacuna de la gripe es inevitablemente limitada, en razón de cómo se produce (en huevos de gallina fecundados o en cultivos celulares), y de que la de un año no vale para el siguiente. La que se consume cada temporada anual debe ser producida poco antes y para esa temporada. Añadamos que en España ningún laboratorio la produce. Cuando sobran vacunas, ningún problema. Pero, ¿y si este año hubiera una sobredemanda y en algún momento de la temporada vacunal faltaran vacunas? No es momento ahora de comenzar a vacunar, pero sí de tomar decisiones que garanticen en lo posible una adecuada disponibilidad de vacunas a partir de octubre. Y establecer planes muy claros, y muy bien explicados y justificados, para que en caso de que haya tensiones temporales en la disponibilidad de vacunas, TODOS tengamos clarísimo cuál es el plan de prioridades sobre los sectores de la población a vacunar y por qué. Las cuestiones técnicas deberían resolverse técnicamente, al margen de cualquier ideología política. La demagogia barata y el marketing político sobran aquí de forma absoluta. Y espectáculos intelectualmente bochornosos como ha ocurrido con las explicaciones acerca de la utilidad o no de las mascarillas cuando había problemas de disponibilidad de mascarillas nunca deberían repetirse con la vacunación de la gripe.

En el siguiente post comentaré por qué va a ser tan importante una adecuada cobertura vacunal de la gripe de cara al próximo otoño e invierno, en la era covid-19 o en la “nueva anormalidad”. Porque, ¿alguien piensa de verdad que esto es normal? Yo me dedico a la medicina, no al marketing político. Y esto no es normal. Y esperemos que entre TODOS podamos superarlo pronto y con éxito.




Comentarios

Entradas populares