COVID-19: CÓMO TROPEZAR DOS VECES EN LA MISMA PIEDRA, O CÓMO EVITARLO

 


Escribir sobre covid-19 tiene algunas cosas en común con escribir sobre la prevención del melanoma, y a lo mejor por eso me estoy aficionando: hay que combinar conocimientos científicos actualizados (y a menudo limitados) con mucho sentido común, para suplir esas limitaciones. ¿Y cómo ves si vas bien orientado y si tus mensajes pueden ser de alguna utilidad para los receptores de los mismos? En parte es sencillo. Haces propuestas y ves si finalmente se van adoptando (aunque no sea porque tú lo has propuesto).  O haces predicciones y ves si finalmente se van cumpliendo. En melanoma lo hago como experto. En covid-19 no lo soy. Pero vamos a juzgar a lo largo de este post algunas de mis propuestas y predicciones (la mayoría, por otra parte, compartidas con otros expertos que sí lo son). Covid-19 me interesa exactamente por la misma razón por la que un día decidí hacerme médico o por la que disfruto cada vez que cazo un pequeño melanoma casi inaparente en la piel de uno de mis pacientes.

 

Empiezo a escribir este post el viernes 14 de agosto y lo continúo a lo largo del sábado 15. Mal momento. Es probable que parte de lo que voy a escribir ya no esté actualizado cuando se publique, a partir del lunes 17.  Cuando con la covid-19 se aceleran las noticias, se modifican rápidamente los datos y se precipita la toma de decisiones, mal asunto. Llegamos tarde. ¿Recuerdan el pasado mes de marzo? Y no quiero cargar las tintas sobre los que toman las decisiones ahora mismo. Con la covid-19 es fácil equivocarse. Pero si quienes se equivocaron por inicial ignorancia reconocieran sus errores públicamente (que es la única forma de que todos podamos aprender de ellos) y se aplicaran en no repetirlos, y quienes se equivocaron por incompetencia se retiraran y dieran paso a otras personas más competentes, igual nos iba a todos algo mejor.

 

Por cierto, ¿estamos ya en una segunda ola de covid-19 en España? Mi opinión: SÍ. Es más: creo que ahora mismo la duda ofende a la inteligencia. Y creo que esta segunda ola se ha generado a lo largo de mayo, junio y julio, sin una clara discontinuidad con la primera. Aunque en algún post previo yo manifestaba un razonable optimismo sobre la evolución de la epidemia (apoyándome en datos inmunológicos, genéticos y epidemiológicos, así como en la mayor protección de la población una vez que ya sabíamos a qué nos enfrentábamos y cómo hacerlo mejor), nunca me gustó observar que no lográramos bajar en casi ningún momento en todos esos meses de 100 a 200 contagios diarios confirmados por PCR, que muy fácilmente serían en torno a 600 contagios reales diarios si tenemos en cuenta que la mayoría de jóvenes contagiados lo estarían siendo de forma asintomática, por tanto sin acudir a ningún médico ni confirmar su desconocida infección. Y no bajar de forma prolongada de esos 100 a 200 contagios confirmados diarios confirmaba a su vez que el virus seguía circulando entre nosotros en cantidad muy superior a la que nos gustaría, confirmaba que esto en parte ocurría sin conocimiento ni control adecuados, y que de prolongarse en el tiempo sin la adopción de medidas eficaces al respecto nos acabaría yendo de nuevo a todos muy mal (mucha gente joven infectada no es necesariamente un problema, y de hecho no lo era en junio o a principios de julio, pero mucha gente joven infectada transmitiendo el virus dentro de sus familias hacia gente no tan joven y con mayor riesgo de enfermar gravemente sí acaba siéndolo, justo el fruto que empezamos a recoger ahora). Me parecía aún más grave el asunto durante el mes de junio teniendo en cuenta los mensajes triunfalistas e infantilmente optimistas que se emitían entonces desde muy diversos ámbitos, con el efecto loable de estimular el turismo, y el efecto adverso de anestesiar a buena parte de la población que en el mejor de los casos relajó las medidas de protección y que en el peor de los casos cayó en la más absoluta irresponsabilidad favoreciendo enormemente los contagios (hemos ganado esta batalla y salimos más fuertes, ¿recuerdan?). Como consecuencia directa de todo ello las próximas semanas van a ser muy difíciles. Probablemente no como a finales de marzo o en abril pasado, pero también muy difíciles. Y no tengo la impresión de que el deseado efecto positivo sobre el turismo se haya logrado en la medida esperada, ni pienso que el precio a pagar por ello nos compense, incluso al propio sector turístico. Aunque no nos confundamos, el problema no ha estado en lo que queríamos hacer, sino en cómo lo hemos hecho.

 

Voy con mi autoevaluación. ¿He escrito muchas tonterías sobre covid-19 en estos meses? ¿He acertado en mis predicciones y recomendaciones de vez en cuando? No sé si aprobaré. Ustedes dirán. He elegido 10 frases o párrafos que publiqué sobre covid-19 en post previos. Clicando en la fecha accederán al post completo si lo desean. Ustedes juzgarán si era pertinente lo que decía entonces y si lo sigue siendo ahora. Más importante aún: fíjense si el momento era el adecuado, y si el tiempo me ha dado o quitado la razón. Los tiempos frente a covid-19 son fundamentales. Tan importante es lo que se hace como cuándo se hace, o cuánto se ha tardado en hacerlo. Voy con ello.

 

1. “Llevo varias semanas en algunos foros insistiendo en la importancia del uso de mascarillas, por TODOS (sin matices) y SIEMPRE fuera de casa (con algunos matices), incluso insistiendo en que en mi opinión, en las actuales circunstancias su uso debería de ser obligatorio” (29 de abril de 2020). 

 

2. Las mascarillas sanitarias o quirúrgicas, con independencia de su disponibilidad en un momento dado, son baratas y relativamente cómodas de usar. Y muy eficaces si se entiende que su eficacia para evitar contagios en la comunidad no depende de que te la pongas tú sino de que TODOS nos la pongamos al salir de casa, en los medios de transporte, en las tiendas y centros comerciales, en el trabajo, en colegios y universidades o en cualquier espacio (sobre todo si es cerrado) donde podamos coincidir con más personas, porque insisto, a cada uno no le protege la suya, le protegen las de los demás. Entender esto es LA CLAVE” (29 de abril de 2020). 

 

3. “A esta pandemia sólo la podemos vencer entre TODOS, con una actitud a la vez inteligente, proactiva y solidaria, porque el virus puede estar a estas alturas en cualquiera de nosotros (aunque es improbable que más del 5-10% de la población ya se haya infectado)…Así es que o TODOS hacemos TODO bien, o no lo vencemos” (29 de abril de 2020). Estos porcentajes se confirmaron semanas después con el estudio de seroprevalencia efectuado a nivel nacional; no andaba yo a finales de abril muy equivocado.

 

4. “Cuando superemos la actual fase de mitigación, con el inevitable confinamiento, la tríada clave para no tener que volver a entrar en ella será: mascarilla-limpieza-distancia social”(29 de abril de 2020).


5. “A ti no te protege tu mascarilla, te protegen las de los demás. Y con la tuya, tú les proteges a ellos. ¿Queda claro?” (29 de abril de 2020). 

 

6. La tríada mascarilla-limpieza-distancia social no nos ofrece un riesgo 0 de contagio, pero lo hace extremadamente improbable para la población general en nuestro devenir habitual y nos debería ayudar a salir antes de la actual epidemia y a evitar futuros rebrotes mientras el virus pueda circular entre nosotros. Si TODOS aplicamos en este momento estas medidas de forma habitual, nuestra vida será sin duda mucho más segura y mucho más tranquila. A veces algo más incómoda, pero nos jugamos mucho TODOS en ello. Y esto incluye, por supuesto, a todo lo que concierne a sectores de tanta importancia para nosotros como restaurantes, espectáculos de todo tipo y turismo. Reducir la carga viral en nuestro entorno (incluso suprimirla en amplias zonas) y llevar el número de contagios a prácticamente cero es una tarea urgente y factible que nos concierne a TODOS. De hecho la clave de un éxito rápido está en la palabra TODOS. Y entonces habrá medidas que se podrán relajar en algunos de estos sectores particularmente problemáticos sin apenas riesgos. Y estaremos mucho más cerca de superar mucho más rápido esta crisis sanitaria, económica y social. Aunque algunas cosas y en algunos momentos no sean como antes o no las hagamos como antes” (4 de mayo de 2020).  Como supongo que a día de hoy entenderán, el problema en mayo y junio no era si turismo SÍ o turismo NO (que la respuesta no podía ser otra que SÍ) sino potenciar de forma inteligente y proactiva el turismo adecuado y posible en medio de una pandemia lejos de estar controlada y frente a la que TODOS debíamos de seguir luchando activamente, incluidos los propios turistas, nacionales o extranjeros. Y se eligió el mensaje más cómodo e infantil: “Turismo SÍ en un país que de momento ha vencido a la pandemia, que ya es seguro y que además lo seguirá siendo durante los meses de verano”. Y muchos aquí cometieron el error de creérselo (eso sí, los del marketing oficial, ¡un éxito!).

 

7. “Tenemos ya la suficiente perspectiva de la pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2 como para poder apreciar algunos errores obvios en la evaluación del problema cometidos a su inicio. De no corregirlos, es probable que sigamos tomando decisiones equivocadas, tanto a nivel colectivo como individual. Es probable también que nos cueste entender y asumir algunas recomendaciones al respecto. Y lo que es peor, es probable que tengamos que lidiar con repuntes de contagios y con sus lamentables consecuencias sanitarias, económicas y sociales, que serían fáciles de evitar si ahora TODOS hacemos las cosas bien. Porque la inacción y la irresponsabilidad de unos pocos pueden tener consecuencias negativas para todos. Las reglas del juego no las ponemos nosotros. Las ha puesto el virus” (18 de mayo de 2020). 

 

8. El virus se replica en nuestra GARGANTA y vías respiratorias y no llega a objeto, superficie o individuo alguno si antes no ha salido de la garganta de otra persona contagiada. Ese es el punto crítico para evitar contagios en la comunidad (en un medio hospitalario, atendiendo a pacientes con covid-19, hay que hacer otras consideraciones que aquí no proceden)…La vía aérea es una vía real de contagio, y puede darse ya a partir de enfermos asintomáticos o presintomáticos que ni tosen ni estornudan, pero respiran, hablan, gritan o cantan. Y pueden estar cerca de ti. O tú puedes ser ahora mismo uno de ellos” (16 de julio de 2020). Y mientras escribo esto, 15 de agosto, me entero de que se convoca en Madrid una manifestación de negacionistas en contra del uso obligatorio de las mascarillas, 40.000 muertos después de que en su momento prácticamente nadie las llevara, y en pleno recrudecimiento de la epidemia en toda España, entre otras razones porque bastante gente ha seguido sin llevarla cuando debía. ¡Magnífico! Es verdad que sería absurdo pensar que esta pandemia se resuelve sólo con mascarillas. Pero sin ellas, con seguridad, NO se resuelve.

 

9. “Si ahora TODOS llevamos mascarilla, los virus estarán simplemente confinados en las gargantas de los contagiados, la carga viral ambiental será mínima, la posibilidad de aspirar aire con partículas virales será extremadamente baja e igualmente será bajísima la posibilidad de tocar cualquier objeto que contenga virus depositados y viables.  NO será absolutamente imposible contagiarse, pero será tan extremadamente improbable hacerlo que los repuntes, si los hubiera, serían mínimos y la posibilidad de nuevas “olas de covid-19” sería extremadamente remota. Podríamos vivir bastante tranquilos…si TODOS llevamos ahora mascarilla…Las mascarillas, ¿nos ofrecen protección absoluta frente al contagio? Obviamente NO. Por eso nadie plantea el uso de la mascarilla como una alternativa a la limpieza o a la distancia.  Mascarilla, limpieza y distancia son opciones complementarias y sinérgicas” (16 de julio de 2020).  Esta sentencia rebosaba optimismo: “Si ahora TODOS llevamos mascarilla…” No ha sido así cuando debía de serlo para tener muy bien controlada la epidemia entre nosotros. Creo que es muy obvio para todos en qué ambientes y sectores de nuestra sociedad se ha fallado más en este punto en los últimos 3 meses.

 

10. Y, finalmente, ¿por qué frente a covid-19 debemos ser tan PROACTIVOS? Este es un concepto fundamental, y quizás una de las mayores lecciones que deberíamos haber aprendido de la primera ola y del comportamiento conocido de la enfermedad y de la epidemia…Si analizan la evolución temporal de la enfermedad que les he comentado, y si tenemos en cuenta que la mayoría de los infectados en realidad serán asintomáticos u oligosintomáticos que a lo mejor ni siquiera precisan asistencia médica, es fácil deducir que cuando saltan las alarmas porque aumenta el número de pacientes ingresados en los hospitales, incluso en UVI, en realidad la magnitud del problema ya es enorme y se ha estado generando en las 6 a 8 semanas previas, a base de haberse contagiado muchísima gente de forma leve e ir transmitiéndoselo poco a poco a algunas personas que sí enfermarán gravemente. Tiene que haber muchísimos infectados para que el pequeño porcentaje de enfermos graves emerja como problema. Pero cuando lo hace, implica que desde hace semanas hay un importante contagio comunitario. Y son muchísimos los que ya están infectados…Cualquier medida drástica y reactiva en ese momento, incluyendo el confinamiento, ya llega tarde y ya no será capaz de parar “la llegada de la ola” porque en realidad la ola ya está con nosotros, aunque esas medidas puedan ser necesarias para acortar su evolución en el tiempo y doblegarla” (16 de julio de 2020). 

 

Voy a acabar el post con cierto optimismo, espero que no demasiado infantil. Creo que aún estamos a tiempo (aunque nos queda muy poco tiempo) de aplanar rápidamente esta segunda ola y mantenerla en un nivel que no colapse ni  a nuestra sanidad ni a nuestra economía, evitando la necesidad de un confinamiento parecido al vivido en marzo y abril pasados.  Pero hay dos puntos críticos y difíciles de manejar a muy corto plazo en los que no podemos fallar ahora, a finales de agosto y a primeros de septiembre. Por una parte, el regreso de las vacaciones, donde deberían limitarse al máximo en las próximas semanas los contactos interfamiliares o entre “grupos de amigos que hace tiempo que no se ven”, o hacerlos extremando las medidas de protección, siendo muy cuidadosos también con los contactos intrafamiliares cuando se reincorporen al núcleo familiar de convivientes algunos miembros que hayan pasado estas semanas fuera del mismo (en situaciones puntuales, en nuestro propio domicilio y durante algunas semanas, también algunos deberían ponerse la mascarilla; no es cuestión de establecer reglas ni obligaciones, basta con analizar las situaciones personales en cada familia con cierto sentido común, y actuar en consecuencia). También hay que ser muy cuidadosos en las reincorporaciones al trabajo, aunque esto me parece más fácil de manejar para la mayoría de la población, pues el contacto nunca será tan estrecho como con los convivientes, ni se cometerán tan fácilmente los errores de protección que a menudo se comenten con familiares y amigos en proximidad.  

 

Más delicado aún es el regreso a las clases presenciales en colegios, institutos y universidades. Mi opinión: eso sólo sería viable en situación de epidemia razonablemente bien controlada. Lo que no ocurre a día de hoy ni va a ocurrir a primeros de septiembre. No perdamos tiempo en generar falsas expectativas acompañadas de eslóganes políticamente muy correctos pero ajenos a la realidad. No perdamos tiempo ni se lo hagamos perder a los demás redactando normativas tan farragosas como imposibles de cumplir en la práctica. Y no pidamos resultados desde los despachos a quienes deben situarse en primera línea sin los medios adecuados para conseguirlos, e incluso pueden verse obligados en el intento a poner su propia salud y la de sus familias en riesgo. Asumamos la situación tal cual es. En este momento muchísimo peor de lo que todos podíamos imaginar en mayo o junio (no olvidemos que estamos aún a mediados de agosto, en mitad del verano). Empleemos el tiempo ahora mismo en planificar y optimizar las opciones educativas no presenciales, invirtamos en recursos que faciliten esa opción a las personas con menos medios para ello y centremos nuestras energías en doblegar lo antes posible a esta segunda ola para que la educación semipresencial o presencial sean lo antes posible una alternativa factible y segura. Pero que lo sean de verdad. No solo en nuestra imaginación. En septiembre creo que no lo van a ser. Podría concluir diciendo: ojalá me equivoque. Pero mi optimismo no da hoy para tanto. La “nueva anormalidad” es muy frustrante. Pero si seguimos tropezando sistemáticamente en la misma piedra, actuando reactivamente, no proactivamente, la frustración será aún mayor porque las cosas nos irán aún peor.

 

Un último apunte: en mis posts sobre covid-19 no he hecho apenas referencias a algunos asuntos muy mediáticos, como vacunas frente a SARS-Cov-2, tests diagnósticos y opciones de rastreo de contactos. Mis posts suelen ser muy largos. Así que si los alargo aún más entrando en estas cuestiones igual tendría que pagar para conseguir que alguien los leyera. Pero daré algunas pinceladas al respecto. En primer lugar, veo imposible que tengamos vacunas disponibles y demostradamente eficaces y seguras en condiciones de exposición real al virus antes de un año (y eso con suerte). Así que hablar de ello ahora es, sin más, irrelevante (lo relevante ahora es que se prosigan las investigaciones en curso con la mayor rapidez posible pero también con exquisito rigor metodológico, dado lo que nos jugamos). En segundo lugar, suele hablarse muchísimo de las bonanzas de los tests diagnósticos masivos sin discutir sus limitaciones. Y consecuentemente muchos se montan al respecto películas dignas de competir con Bambi. Prefiero el cine un poco más realista. Y en tercer lugar, creo que los rastreos pueden impactar mucho más en la evolución de la epidemia cuando la misma está razonablemente bien controlada (y lo que se persigue es que no se descontrole de nuevo) que cuando vuelve a estar descontrolada, como empieza a ocurrirnos ahora de nuevo. Con esto no quiero decir que ahora y en el futuro no se deban hacer rastreos de contactos de la forma más rigurosa y exhaustiva posible. Lo que sí les digo es que eso nos ayudará a prevenir la tercera ola, no la segunda, porque la segunda ola ya está aquí y volvemos a llegar tarde. ¿Queda claro?





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