SE ACABA EL VERANO: MIRA TUS LUNARES

 


En algunos estudios epidemiológicos los diagnósticos de melanoma se incrementan durante el otoño. ¿Es realmente más frecuente el melanoma en otoño? La historia natural de cualquier melanoma suele ser prolongada, con la excepción de algunos melanomas nodulares (y con esta última idea yo no estoy del todo de acuerdo). Por ello, la inmensa mayoría de los melanomas diagnosticados en otoño no se han iniciado en otoño, ni siquiera en el verano anterior, aunque sea entonces cuando han empezado a llamar nuestra atención.

 

Por ello, no creo que pueda afirmarse que el melanoma sea más frecuente en ninguna época concreta del año, aunque sí pueda serlo su diagnóstico. Sí es verosímil que se diagnostique con algo más de frecuencia tras el verano. Una primera hipótesis para explicarlo, que yo no comparto, es que el sol del verano haya favorecido su aparición o su crecimiento rápido, facilitando que llame nuestra atención durante el otoño. Si esto ocurre sería la excepción, nunca la regla. Y la mayoría de las veces sería fruto simplemente de la casualidad (afortunada, a veces, porque puede salvarte la vida si te das cuenta a tiempo).

 

La segunda hipótesis hace referencia al hecho de que durante el verano nuestra piel suele estar más expuesta a nuestra vista y a la de los familiares y amigos que nos rodean. Así que no es raro que los pacientes nos consulten en otoño porque a ellos mismos o a algunos familiares o amigos les ha llamado la atención el aspecto de alguna lesión pigmentada o lunar en su piel. Afortunadamente, la mayor parte de las veces serán lesiones benignas o poco malignas, como lunares atípicos, queratosis seborreicas, dermatofibromas, epiteliomas basocelulares más o menos pigmentados, etc. En alguna ocasión sí podría tratarse de algún melanoma incipiente y con su diagnóstico precoz habremos evitado serios problemas posteriores.

 

Suele prestarse mucha atención antes del verano en los medios de comunicación y redes sociales de todo tipo a la importancia de vigilarse los lunares. Mal momento. Ese es el momento para pensar sobre todo en la protección solar, y no tanto en la vigilancia de los lunares (aunque no esté de más recordarlo). Es obvio para todos que antes de irte de vacaciones no suele ser el mejor momento para extirparte ningún lunar y para convivir con puntos y cicatrices durante tus merecidas vacaciones, o para pasarlas con la preocupación de que nada más volver te deberás de extirpar un lunar atípico o inestable. Puestos a elegir, mucho mejor insistir en la importancia de la vigilancia de los lunares a la vuelta del verano. En los pacientes vigilados con regularidad esto es menos importante. Por ejemplo, a la mayoría de mis pacientes con muchos lunares que vigilo con dermatoscopia digital los reviso exhaustivamente una vez al año. Cuando les toca. La época del año es lo de menos (aunque el mes previo a irse de vacaciones, insisto, no suele ser el mejor momento). Pero para las personas con más o menos lunares que no se los vigilan regularmente sí puede tener sentido hacer énfasis en una autoevaluación preferentemente tras el verano. ¿Qué buscar? Lo fundamental es ver si algún lunar cumple los criterios de la regla ABCDE:

 

-Asimetría.

-Borde irregular.

-Coloración heterogénea (con varios tonos) o muy oscura.

-Diámetro mayor de 6 mm

-Evolución (crecimiento o cambios recientes en su forma o color).

 

A más criterios ABCDE en un mismo lunar, mayor la sospecha. En cualquier caso, muchos lunares atípicos benignos pueden cumplir algún criterio ABCDE. No es necesariamente un signo de alarma, pero sí de alerta. Mejor entonces que un dermatólogo examine ese lunar con dermatoscopia, para salir de dudas. Es muy fácil encontrar en la red descripciones con buenas imágenes de la regla ABCDE, por ejemplo en la web de la Asociación Española Contrael Cáncer (AECC) o en la web de la Skin Cancer Foundation. 

 

Otoño es un buen momento para hacerse una sencilla autoevaluación de los lunares, e intentar recordar si alguno de ellos ha llamado nuestra atención o la de nuestros acompañantes durante el verano. En cualquier caso, creo que esto es más fácil y operativo para las personas con pocos lunares y lunares no atípicos. Cuando hay muchos lunares y/o son atípicos, la autovigilancia no está de más pero suele ser necesario que la mayor parte de la responsabilidad de la vigilancia recaiga en un dermatólogo, y se ganará mucha precisión si esa vigilancia se apoya en un mapeo exhaustivo de los lunares con dermatoscopia digital.

 

Las personas con pocos lunares tienen menos riesgo de desarrollar un melanoma, y en teoría sería mucho más fácil detectarlo pronto. Pero cuando busco en mi archivo fotográfico imágenes de melanomas grandes y de mal pronóstico suelo encontrarlos en la piel de personas que apenas tenían más lunares. Tienen menos riesgo. Es cierto. Pero a menudo no tienen percepción alguna del riesgo, tienen mínima o nula información sobre el melanoma, y no se vigilan los pocos lunares que puedan tener. Ni en otoño ni en ningún otro momento del año. De manera que cuando un lunar crece y cambia a menudo consultan tarde. Y esto puede solucionarse con una mínima información al respecto y algo de autovigilancia. En las personas con muchos lunares ocurre lo contrario: más riesgo, pero también más información y más vigilancia, a menudo realizada directamente por el dermatólogo. El melanoma es más frecuente pero suele diagnosticarse antes, con mucho mejor pronóstico. Obviamente no a todas las personas se las debe y se las puede vigilar con dermatoscopia digital. La cuestión es elegir la opción de vigilancia más adecuada al perfil de riesgo y a la dificultad de vigilancia de cada caso. Y para quienes nunca se han planteado esta cuestión, el otoño puede ser el momento ideal de hacerlo.



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