COVID-19: LAS LECCIONES DE LA CLÍNICA DERMATOLÓGICA INTERNACIONAL

 



En mi anterior post me detuve en señalar algunas de las lecciones que podemos extraer de la evolución de la segunda ola de la covid-19 en la Comunidad de Madrid (CAM). Los lectores que hayan confundido a los dirigentes políticos y gestores actuales de la CAM con el conjunto de los habitantes de la CAM (auténticos protagonistas de esta historia, para lo bueno y para lo malo) probablemente no entendieron el mensaje básico que yo quería transmitir en ese post. Por otra parte, criticar determinadas decisiones técnicas en el ámbito sanitario (a nivel nacional o a nivel de la CAM) no presupone criticar las ideas políticas, siempre respetables, de quienes han tomado esas decisiones técnicas. Este no es un problema político. ¡Es el SARS-Cov-2…! Si hay que felicitar a algunos por sus éxitos objetivos, se les felicita, y deberíamos felicitarnos todos por dichos éxitos (cuando además somos los protagonistas reales de dichos éxitos al comportarnos con cuidado y responsabilidad). Si la crítica estrictamente técnica cae muchas veces del mismo lado a lo mejor es porque determinadas personas están en el sitio menos adecuado para ellas y en el momento menos oportuno para todos. Nada que ver con sus ideas políticas. Es mucho más sencillo. La epidemia de la covid-19 nos acaba pasando factura por nuestros errores técnicos en forma de muertes evitables no evitadas. No por nuestras ideas políticas. Punto.

 

Dicho esto, voy a comentar desde una perspectiva muy personal algunas lecciones que yo creo que se pueden extraer de cómo se ha enfrentado la Clínica Dermatológica Internacional con esta crisis. Lo resumiría en 3 palabras: adaptabilidad, solidaridad y responsabilidad.

 

1. Adaptabilidad: CDI suspendió casi toda su actividad clínica presencial a mediados de marzo pasado, cuando mantenerla no era ni viable ni seguro, particularmente por la imposibilidad material de disponer en aquel momento de los equipos de protección individual que garantizaran la seguridad de los trabajadores y de los pacientes. Sin embargo, el contacto con los pacientes que lo pudieran necesitar se mantuvo activo en todo momento, a través del mail, del whatsapp y particularmente a través de una aplicación de teledermatología/teleconsulta que se habilitó de forma casi inmediata tras decretarse el confinamiento estricto. También el blog nos valió para divulgar información clínica que entendíamos que en aquel momento podía ser útil para nuestros pacientes y seguidores. Y por supuesto, toda la actividad administrativa y de secretaría de CDI se mantuvo activa desde el principio. Cuando hubo que teletrabajar, se teletrabajó.

 

Desde el primer momento el equipo directivo de CDI, encabezado por el Dr. Ricardo Ruiz, creo que tuvo la intención de recuperar la actividad asistencial presencial normal lo antes posible, aunque con la absoluta convicción de que algunas cosas ya no se harían igual, con el fin de garantizar la máxima seguridad en nuestras instalaciones. CDI reinició su actividad a pleno rendimiento el 4 de mayo. Cualquiera que haya pasado por CDI en estos meses habrá advertido la multiplicidad de medidas de seguridad implementadas a todos los niveles, y también la naturalidad con la que se llevan a cabo, tanto por parte del personal de CDI como de los propios pacientes, sin interferir apenas en la propia actividad asistencial.

 

La amplitud de las instalaciones de la actual CDI y la multiplicidad de consultas ha facilitado enormemente las cosas. Entrar en CDI por primera vez impresiona a la vista de la amplitud de la zona de recepción y sala de espera. En la época de la covid-19 esa amplitud, además, nos protege. Mantener una adecuada distancia de seguridad entre los pacientes siempre ha sido una prioridad en esta nueva etapa que nos ha tocado vivir. Además la mascarilla es absolutamente obligatoria en CDI, y podría seguir desglosando muchas otras adaptaciones de seguridad, hasta llegar a la opción más reciente de hacer un test de rápido de detección de antígeno para cualquier paciente que lo desee, por supuesto para cualquier paciente con sintomatología sospechosa (y a veces las lesiones cutáneas son la clave de la sospecha) y por supuesto también para cualquier trabajador que pudiera tener en un momento dado el más mínimo signo o síntoma sospechoso, o hubiera podido tener algún contacto próximo y reciente también sospechoso.

 

Lo que hemos hecho en CDI obviamente también se ha hecho en muchos otros centros sanitarios y en otros negocios y empresas de múltiples ámbitos. Unos lo habremos tenido más fácil o más difícil en algunos puntos, y otros en otros. CDI ha contado con algunas importantes ventajas estructurales de partida y ha podido adaptar con rapidez y seguridad su dinámica de trabajo (asistencial y no asistencial) a los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir. Algunas de estas medidas durarán lo que dure esta crisis, y otras, con algunas adaptaciones, es posible que ya nos acompañen siempre. Yo no voy a decir eso de que “salimos más fuertes”. No soy tan ingenuo. Pero estoy seguro de que “saldremos mejores”. Cuando, de verdad, salgamos.

 

2. Solidaridad: no creo que sea fácil salir de esta crisis sanitaria, económica y social sin grandes dosis de solidaridad. El primer signo de actitud solidaria para salir de esta crisis es no preguntarse “qué debes hacer tú para no contagiarte” sino preguntarte “qué debes hacer tú para no contagiar a otros”, teniendo en cuenta que más de un tercio de los infectados por el coronavirus SARS-Cov-2 son completamente asintomáticos, es decir, tú que me lees ahora o yo mientras escribo estas líneas podríamos estar infectados sin saberlo. Muchos de los “supercontagiadores” lo han sido mientras estaban convencidos de que ellos no tenían el virus y no tomaron medidas de protección hacía los que les rodeaban en multitud de eventos sociales y aglomeraciones de todo tipo. Conviene recordar, una vez más, que la mayoría de las mascarillas no están diseñadas para proteger al que la lleva, sino para proteger a los que le rodean. Si tú tienes el virus y tú en ese momento no llevas mascarilla, los que te rodean se pueden infectar aunque lleven mascarilla, salvo si esa mascarilla es FFP2 o KN95.

 

Aparte de esa imprescindible “solidaridad sanitaria” está la necesaria solidaridad social y económica. En un ejemplo de lo que significa pasar de las palabras a los hechos, la aplicación de teledermatología que habilitó CDI durante el confinamiento estricto de marzo y abril pasados estuvo operativa de forma completamente gratuita para cualquiera que hubiera querido acceder a ella. Esto ha sido reconocido recientemente con el Premio  “Voluntades 2020” concedido a CDI por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (FENIN) como Institución Sanitaria por el proyecto “Teledermatología gratuita durante el confinamiento”.

 

Hay en este momento muchas otras formas de solidaridad que seguro nos vienen a todos inmediatamente a la cabeza. No es que yo, conceptualmente, sea un defensor del consumismo. Pero el que tenga la suerte de poder consumir ahora, que lo haga y que disfrute con ello, porque contribuirá a dinamizar al tejido productivo  y laboral de nuestra sociedad, tan herido por esta crisis (consumir, por otra parte, no es sinónimo de derrochar). Por supuesto, generosidad también para acudir con ayuda directa y con absoluta libertad de elección a cualquier ONG cuyo ideario y actividad nos convenzan, porque mucha gente ahora, mucho menos afortunada que nosotros, dependen de ello para su subsistencia en unas condiciones mínimamente dignas. Y grandeza de miras para entender que muchas de las medidas frente a esta crisis de las que nos vamos a beneficiar todos (también tú y yo) no serían viables si cada uno no paga ahora los impuestos que le corresponden. El mal uso que a veces se haga con lo recaudado de esa forma no invalida la estricta necesidad de los mismos. Y más ahora.

 

3. Responsabilidad: desde el primer post que escribí sobre covid-19 en abril pasado siempre he insistido machaconamente en la importancia de la responsabilidad individual para controlar adecuadamente esta pandemia entre nosotros. Una vez que conocemos ya bastante bien las formas principales de transmisión de este virus, no hay muchas excusas. La primera ola nos llegó “casi” sin saberlo y “casi” sin poder evitarlo…la segunda ola nos ha llegado con pleno conocimiento entre los “verdaderos expertos” de lo que se estaba haciendo mal entre nosotros, aunque admito que buena parte de la población pudiera estar incorrectamente informada e inadecuadamente motivada al respecto…pero si pronto sufriéramos una tercera ola no habría excusas de ningún tipo y sería el fruto de una inmensa irresponsabilidad individual y colectiva. Frente a SARS-Cov-2 no basta con que muchos hagan las cosas bien. Casi todos tienen que hacer las cosas muy bien (también los gestores de esta crisis sanitaria)…o gana el virus, que en esencia es una sencilla maquinita molecular diseñada (por la propia naturaleza) para replicarse en tus vías respiratorias y pasar de allí a las vías respiratorias de otras personas, y de esas a otras. Nada más. Aquí no hay magia.

 

Visto desde la perspectiva de la responsabilidad individual, analicemos lo ocurrido en CDI en estos meses de pandemia. Durante la fase inicial de la primera ola, sin medidas de protección apenas, sólo se infectaron 3 trabajadores de CDI. Al reiniciar nuestra actividad el 4 de mayo se detectaron sólo esos 3 seropositivos para el virus SARS-Cov-2. Un caso en un trabajador fijo que probablemente se contagió fuera de CDI y antes de iniciarse el propio confinamiento, entre finales de febrero y la primera quincena de marzo, como tantísimos madrileños, sin información ni protección adecuadas. Mejor aquí lo dejo, ¿verdad? Los otros dos fueron médicos que en aquellos duros días de tsunami sanitario atendieron a pacientes covid-19 mientras trabajaban además en hospitales públicos…igualmente sin una protección adecuada. Mejor aquí lo dejo también, ¿verdad? A partir del reinicio de nuestra actividad el 4 de mayo en CDI, con todas las medidas de protección a nuestra disposición, con una información veraz y actualizada al respecto, y sobre todo con enormes dosis de responsabilidad individual en todos los trabajadores de CDI, no ha habido hasta ahora ningún contagiado más. Tras tres rondas de estudios serológicos, incluyendo uno fundamental tras las vacaciones de verano. Hablamos  de ningún contagio desde el 4 de mayo, en un grupo de cerca de 50 trabajadores, de edades muy diversas, que viven en zonas y ambientes muy diversos, con situaciones familiares muy diversas, incluyendo en bastantes casos niños o adolescentes en casa. Mi lectura es muy simple: si ahora se es cuidadoso y responsable frente al SARS-Cov-2, lo difícil es contagiarse. Además, la creciente inmunización de parte de la población ayuda, aunque aún estemos muy lejos de la inmunidad de rebaño. El potencial efecto protector de una inmunidad cruzada frente a otros coronavirus probablemente sea cierto, pero de magnitud desconocida y no muy alta. Lo mismo podría decirse de algunos factores genéticos y relacionados con la inmunidad innata, que sí es probable que jueguen un papel relevante en la severidad de la enfermedad.

 

Bueno…¿y de la vacuna, qué? Les seré muy sincero: si digo lo que de verdad pienso, a lo mejor no debería decirlo en este foro. Muchas veces en mis posts me he referido con deliberado sentido crítico a los expertos en…”marketing” que han asesorado y asesoran a nuestros políticos en esta crisis. Y los verdaderos expertos en virus y en vacunas, ¿dónde están? En fin, sí están…aunque se les oiga y se les lea menos. También he criticado el que determinadas personas hayan pretendido manejar esta crisis como si se tratara de una película de Walt Disney con final feliz asegurado. Y lo malo es que creo que, de tanto decirlo, algunos hasta se lo están creyendo. ¿Recuerdan la película “Fantasía”? Walt Dysney, sí…y Mickey Mouse. Quedémonos tan sólo con el título: Fantasía…Y ahora ojeemos con cierto sentido crítico algunas publicaciones recientes de verdaderos expertos en virus y vacunas en Lancet, New England Journal of Medicine, Journal of the American Medical Association, Cell, Science, Nature…¿Qué sale de todo ello? ¿Lo que nos anuncian alegremente los políticos? ¿Lo que celebra casi toda la prensa casi completamente ajena a estas publicaciones científicas y a veces con incontenible y acrítico entusiasmo? Fantasía…fantasía…me lo pensaré bastante antes de darles mi opinión al respecto. Pero se la daré en mi próximo post.

 


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