COVID-19: SEMANA SANTA NO ES NAVIDAD

 


¿Se debe permitir la movilidad entre Comunidades Autónomas en la próxima Semana Santa y favorecer el turismo nacional? Mi opinión: SÍ rotundo, pero condicionado al cumplimiento de determinados indicadores epidemiológicos de buena evolución de la pandemia, de forma absolutamente clara para todos, completamente transparente y sin excepciones posibles. Esto debe ser siempre una decisión técnica, nunca política. La decisión política y correcta es vincular la toma de decisiones a determinados datos objetivos de evolución de la pandemia. Punto. A partir de ahí, las decisiones deberían de ser siempre técnicas.

 

Probablemente mis sufridos lectores esperarían que hubiera dado una respuesta negativa a la pregunta con la que inicio este post, a la vista de cómo me he ido expresando en sucesivos posts sobre la covid-19. Pues no, mi respuesta es afirmativa, hay que apostar por la libre movilidad entre Comunidades Autónomas en esta próxima Semana Santa. Y creo que no me contradigo con mis planteamientos previos. Expongo 10 claves en que me baso para ello:

 

1. Con muchísima frecuencia hemos confundido nuestros deseos con la realidad a lo largo de esta pandemia. Y así nos ha ido. Pero también a veces confundimos nuestros temores con la realidad. Y así nos puede seguir yendo, en lo sanitario y en lo socioeconómico.

 

2. Manejamos permanentemente datos absurdos, lo que genera escenarios absurdos por irreales. Existe amplio consenso en considerar que la mortalidad global asociada a la infección por el virus SARS-Cov-2 se sitúa en torno al 1% en nuestro medio. Si asumimos en España a día de hoy en torno a 80.000-90.000 muertos reales por la covid-19 (unos 70.000 confirmados por tests diagnósticos) deberemos también asumir en torno 8 a 9 millones de contagiados, lo que nos acercaría a un 20% de la población española ya infectada. Es una simple regla de tres. Y elijan grupos amplios de familiares o amigos, pregunten y cuenten. Verán como fácilmente les salen las cuentas. A mí me salen. Con frecuencia uno de cada 5 lo ha pasado o ha dado positivo en un test (PCR, antigénico o serológico). Y muchos lo habrán pasado sin enterarse y sin test ninguno que lo acredite. Estos, claro, no se contabilizan en las estadísticas oficiales ni en las “caseras”. ¿Qué sentido tiene que tanto las autoridades sanitarias como los medios de comunicación insistan machaconamente en que en España ha habido algo más de 3 millones de contagios a día de hoy? La cifra “real” de 8 a 9 millones de contagios en España puede asustar. Cierto. Si nos lo hubieran predicho a 1 de marzo de 2020 nos habría aterrorizado, pues nos estarían anunciando 80.000 muertos seguros para los siguientes 12 meses. Pero a 1 de marzo de 2021 sabemos que eso es efectivamente lo que ha ocurrido y también sabemos que el escenario actual es radicalmente distinto al de hace un año. Es más, esos 8 a 9 millones de contagiados previos son ahora incluso una buena noticia. Ya que no hemos sido capaces hasta ahora de aplicar una estrategia eficaz de supresión de contagios, 8 millones de contagiados implican 8 millones de personas inmunizadas (al menos, en parte) con capacidad reducida de contagiar ahora (aunque reducida no es nula, por supuesto).

 

3. No acabamos de entender los tiempos de esta pandemia. Las cosas mal hechas se traducen en picos elevados de mortalidad dos meses después. No 2 o 3 semanas después. Y buena parte de los contagios iniciales en cualquier ola de la covid-19 ocurren durante semanas entre asintomáticos, de modo que pocos pacientes graves indican ya muchos infectados contagiando. Cuando los contagios aumentan, no cuando los hospitalizados o los muertos aumentan, es cuando hay que empezar a actuar de forma contundente, si aspiramos a que los muertos no aumenten semanas después mucho más. Por no hacerlo así (¿ineptitud? ¿miedo a la incomprensión y a la reacción social o a sus consecuencias políticas?), con demasiada frecuencia se ha actuado tarde, en un sinsentido sólo capaz  de promover la firma de certificados de defunción y sin beneficio económico relevante alguno.  Si no queríamos situar a febrero de 2021 como el segundo mes con más muertos por la covid-19 en España deberíamos haber actuado de forma contundente a finales de noviembre y a principios de diciembre, con un confinamiento estricto y breve que quizás nos hubiera permitido entrar en la Navidad con una incidencia acumulada (IA) por 100.000 habitantes (y referida a 14 días) por debajo de 25. No para “salvar la Navidad” (concepto que no acabo de entender, o que cada uno puede entender de muy diferente forma) sino para salvar las miles de vidas que se nos han ido a lo largo de febrero, y aún se siguen yendo. Sin embargo, desde el punto de vista de los contagios febrero ha sido un mes magnífico. Sin medidas particularmente drásticas (dando la razón a algunos de los planteamientos de la Comunidad de Madrid, aunque en esta Comunidad la mejora pueda ser algo más lenta, muy condicionada por su alta densidad de población). Ha bastado abandonar los hábitos sociales y las peligrosas reuniones familiares propias de la Navidad y tan proclives al descuido y a la irresponsabilidad (simplemente porque se acabó la Navidad y quizás también por miedo ante la escalada de muertos) para pasar en poco más de 4 semanas de una IA de 900 a una IA por debajo de 250. Incluso con la famosa cepa británica merodeando entre nosotros. ¿Qué debemos hacer en marzo? Muy sencillo: mantener lo que nos ha funcionado en febrero (el mayor cuidado y responsabilidad individual sobre todo, con menos contactos sociales y familiares de riesgo), con opción a relajar algunas medidas SOLO si los datos epidemiológicos mantienen una evolución favorable. Con un objetivo claro a corto-medio plazo: IA menor de 25. Si seguimos en línea descendente, una IA inferior a 50 antes de Semana Santa sería ya un magnífico resultado. A día de hoy, si casi TODOS respetamos SIEMPRE las medidas básicas (mascarilla-limpieza-distancia-ventilación), es un objetivo perfectamente alcanzable. En contraste con este escenario, en la Navidad, y en un contexto de previsibles relaciones sociofamiliares de alto riesgo, entramos con una IA próxima a 250 ¿Esperábamos así salvar vidas? Milagros, en Lourdes. Más de 20.000 muertos. Y la economía, en fin…

 

4. Cada ola en nuestro medio ha tenido sus peculiaridades, tanto en su gestación como en su evolución. Con escenarios de partida completamente distintos. Las sucesivas olas se han gestado en febrero-marzo de 2020 por lo que no pudimos hacer, en julio-agosto de 2020 por lo que no supimos hacer y en diciembre de 2020 por lo que no quisimos hacer. El escenario de marzo de 2021 es completamente distinto. Ahora podemos, sabemos y queremos (o eso espero). Y lo que la tercera ola nos ha demostrado es que la mayoría de los contagios se producen ahora en entornos sociales y familiares de proximidad donde con frecuencia se descuidan las medidas básicas de protección, con reuniones a menudo celebradas en locales y domicilios cerrados. Plantear para finales de marzo y primeros de abril algunas medidas que debieron de plantearse a finales de noviembre y principios de diciembre puede tranquilizar algunas conciencias pero puede resultar extemporáneo y extremadamente ineficaz e ineficiente para salvar vidas, tanto las que se puede llevar por delante la covid-19 como las que está arruinando la crisis económica asociada a la pandemia.

 

5. El “periodo crítico y en cierto sentido supercontagiador” navideño que ha generado en torno a 20.000 muertos (que serán al final varios miles más) en esta tercera ola, sobrepuesta a una inacabada segunda ola, fue más amplio que la propia Navidad. Yo lo iniciaría en el puente de la Constitución y lo acabaría en Reyes, aunque en Madrid y en otras zonas de España complicado por la nevada posterior que limitó dramáticamente la movilidad y encerró a muchas personas en sus casas durante unos 7 días. ¿Bueno para la pandemia? Obviamente no. El pico de contagios en Madrid se produjo unos 10 días después. Cuando hay una elevada IA nada mejor para la transmisión del virus a corto plazo que tener a mucho infectado desconocido y asintomático encerrado en sus casas, con poca ventilación por el frío intenso exterior y sin apenas medidas de protección en relación a sus convivientes. Si hay un contagiado en casa, cae casi toda la familia o grupo de convivientes, fijo. Les confesaré algo personal: tengo 3 hijos universitarios (que básicamente se mueven en transporte público y mantienen los contactos sociales propios de su edad) y mi mujer es médico internista y atiende a pacientes covid-19. Así que yo en muchos momentos he pensado que donde más riesgo tenía de coger el virus era ciertamente en mi propio domicilio. La única duda era: ¿quién será el primero en traerlo a casa? Pero un complimiento razonable y mantenido en el tiempo de las medidas básicas de protección por parte de todos (mascarilla-limpieza-distancia-ventilación) nos ha mantenido a todos libres del virus hasta ahora. En algún momento, por supuesto, con algo de suerte. Sin negarles también que el pasado verano ha sido uno de los veranos de mi vida en que más tiempo he pasado en establecimientos hoteleros y en que más comidas y cenas hice fuera de mi domicilio, aunque siempre en locales abiertos o muy amplios y bien ventilados, evitando aglomeraciones y respetando las medidas básicas de seguridad (mascarilla-limpieza-distancia, sin sobreactuar). Este virus tiene sus reglas. Ni la omisión de las mismas (por descuido o irresponsabilidad) ni la sobreactuación son opciones particularmente inteligentes y eficaces frente al mismo.

 

6. Analicemos el pasado periodo estrictamente navideño: estamos incluyendo casi 3 semanas con todos sus múltiples días festivos especialmente proclives a las reuniones de todo tipo con familiares y amigos.  Limitando el número de personas por reunión de acuerdo a las normas vigentes (que no siempre se cumplieron), pero hoy con unos, mañana con otros, la semana que viene con otros, la siguiente con otros, es decir, multiplicando los contactos y las opciones de contagio, y mayormente en locales cerrados o en los domicilios. Donde la mayor parte de la gente está la mayor parte del tiempo sin mascarilla. Eso de quitársela cuando comes o bebes y ponérsela cuando hablas (y por supuesto cuando gritas o cantas, que las fiestas son muy alegres), entre nosotros, como que no nos va mucho…¿algún escenario más favorable para generar decenas de miles de contagios diarios y centenares de muertos diarios 6 a 8 semanas después? La Semana Santa con eventual libertad de movilidad pero sin opción de eventos masivos este año y con algunas restricciones en aforos y en horarios NO tiene NADA que ver con esto. En primer lugar, una semana, no tres. En pleno descenso de contagios, no en pleno aumento de contagios. Muchas de las familias que potencialmente podrían viajar lo harán (si finalmente pueden) para pasar unos días de descanso sin relacionarse de forma estrecha y reiterada en domicilios o locales cerrados con otras familias y grupos de amigos. ¿Hay riesgos? ¡Por supuesto! El riesgo cero no existe. ¿Hay formas eficaces y sencillas de minimizarlos? ¡Por supuesto! Mascarilla-limpieza-distancia, ventilación cuando proceda, mucha vida al aire libre si es posible y limitar los contactos sociales con no convivientes, manteniéndolos preferentemente en espacios abiertos y evitando aglomeraciones, algo que ahora empieza a ser factible y en Navidad con frecuencia no lo era por pura climatología. ¿Es tan difícil? ¿Debería de causar esto un elevado número de muertos? NO. ¿Puede ayudarnos psicológicamente, socialmente y económicamente? SÍ, no lo duden. SÍ.

 

7. Consideremos el escenario opuesto. No hay movilidad entre Comunidades Autónomas ni opción alguna de turismo nacional entre ellas en Semana Santa. ¿Saldremos durante esos días en nuestra propia Comunidad? Por supuesto que sí. ¿Habrá zonas con aglomeraciones en Comunidades como las de Madrid, Cataluña, País Vasco o Valenciana? No lo duden. ¿Nos veremos un día con unos familiares o amigos y otro día con otros, o unos miembros de la familia con unos y otros miembros con otros? Por supuesto. En la España urbana y en la España rural. Está escrito en nuestro particular ADN social. En realidad el escenario creado será mucho más proclive de nuevo al descuido y a la imprudencia (y, obviamente, a los contagios) porque en esos contactos estrechos con familiares no convivientes y amigos, a  menudo en los domicilios y en locales cerrados, o en zonas abiertas pero sin guardar distancia social alguna, es donde más se falla, donde nadie te afea que hables con otro a corta distancia y sin mascarilla porque sencillamente casi nadie la lleva puesta en esos momentos. Creo sinceramente que el riesgo para muchas personas será mayor en su entorno de residencia habitual y con los contactos sociales y familiares habituales, y espoleados por las vacaciones, que desplazándose a cualquier punto de España donde puedan disfrutar de paseos al aire libre, de comidas o cenas en terrazas, de visitas a monumentos y museos, de asistencia a funciones de teatro, conciertos u otros espectáculos culturales, donde las relaciones sociales serán probablemente más  reducidas, más cuidadosas y respetuosas con las normas, y se producirán sin que nadie se quite su mascarilla o sólo haciéndolo en entornos de bajo riesgo de contagio mientras se come o se bebe (por ejemplo, la terraza abierta de cualquier restaurante que la tenga, o en restaurantes cerrados bien ventilados y con aforo limitado según las condiciones del espacio disponible).

 

8. Lo decía en el primer punto y lo repito ahora: no debemos confundir nuestros deseos con la realidad. Y no aspiro a emular a Antoñita la Fantástica…de momento. Una Semana Santa con libertad de movimientos entre Comunidades Autónomas solo es planteable si a lo largo de marzo siguen descendiendo los contagios y nos situamos en una IA nacional inferior a 50. Una Semana Santa con libertad de movilidad ahora mismo no es un derecho. Es una opción que nos tenemos que ganar entre todos. Con datos actualizados e incontestablemente positivos encima de la mesa. Lo ideal, acabando marzo con IA por debajo de 50. Porque si no lo logramos significa que las cosas empiezan a ir de nuevo mal. Mi alternativa entonces no sería una inquietante Semana Santa con movilidad reducida y medidas laxas que faciliten de nuevo los contactos sociales y familiares de riesgo en la Comunidad de cada uno y que nos pongan en el punto de partida de una cuarta ola. Mi alternativa sería entonces un confinamiento estricto y breve.  ¡No podemos permitirnos una cuarta ola en los próximos meses! Y las medias tintas ni están salvando vidas ni están salvando la economía.

 

9. Creo que hay que alcanzar en un horizonte inferior a 2 meses una IA inferior a 25. Creo que debemos entrar en mayo-de 2021 en esa situación y mantenernos así a lo largo del resto de la primavera y de todo el verano. 8 a 9 millones de contagiados y varios millones más de vacunados nos ayudarán, si hacemos las cosas de forma que esto sea parte de la solución y no parte del problema, como señalaba en mi anterior post. Nada que ver con el pasado verano que gestó nuestra segunda ola. Y creo que una Semana Santa con libertad de movilidad condicionada a alcanzar previamente una IA inferior a 50 es factible y esa opción a su vez sería un estímulo social y psicológicamente útil para que en lo que queda de marzo (y posteriormente) mantengamos el rigor, el cuidado y la responsabilidad que una amplia parte de la población ha mantenido a lo largo de las últimas semanas de enero y de todo febrero. Por supuesto, si las cosas se tuercen en cualquier momento habría que tomar medidas drásticas, inmediatas y breves, bajo criterios no arbitrarios, estrictamente técnicos y claramente preestablecidos y conocidos por todos (Nueva Zelanda, Australia…¿les suena?).

 

10. ¡Es el SARS-Cov-2, estúpido! 80.000 muertos después, cerca de un millón de parados más después (al margen de ERTEs, etc.) y no sé cuántas decenas de miles de pequeños negocios y empresas quebradas después, ¿aún no nos hemos enterado de qué va esto? Por cierto: ¿hay algo más estúpido ahora que la multitud de reuniones y fiestas clandestinas, sin medidas de protección, donde muchos jóvenes (y no tan jóvenes) juegan con su salud y sobre todo con su futuro y con el de todos nosotros? Reuniones que incluyen a participantes nacionales y a grupos venidos de fuera de nuestras fronteras específicamente para ello. Reuniones que pueden ser caldo de cultivo óptimo para la expansión de nuevas variantes y cepas problemáticas, capaces de hacer fracasar en parte la actual estrategia de vacunación. ¿Hay algo más estúpido ahora que tolerar que esto ocurra entre nosotros, una semana sí y otra también?

 

Nada más que decir.

 

www.clinicadermatologicainternacional.com

 


 

 

Comentarios

Entradas populares