COVID-19: NO ES LO QUE HACEMOS SINO CÓMO LO HACEMOS



Entramos ya en pleno verano, y algunos ya estarán iniciando unas merecidas vacaciones, y muchos otros lo haremos en las próximas semanas. Toca recordar (como no puede ser de otra manera desde un blog dermatológico) que conviene protegerse del exceso de sol, lo que no es sinónimo de huir del sol. El sol tiene riesgos innegables para nuestra piel pero también beneficios potenciales para nuestra salud. Volveré sobre ello en próximos posts.

 

Este verano, como ocurrió en el pasado verano, deberemos convivir con la “incómoda” presencia entre nosotros del coronavirus SARS-Cov-2. Con una enorme ventaja y dos inconvenientes relevantes respecto a lo que ocurría el pasado verano:

 

- La ventaja: buena parte de la población con mayor riesgo de enfermar gravemente por la covid-19 ya está vacunada en España.

 

- Primer inconveniente: se está extendiendo entre nosotros la variante delta (antes conocida como india), con mayor contagiosidad que las previas, para la que las actuales vacunas en pauta completada protegen algo menos y las actuales vacunas, en pauta incompleta, protegen mucho menos. Conviene recordar que muchas personas vacunadas con Astra-Zeneca aún no han recibido su segunda dosis y que las que inicien ahora su vacunación con Pfizer o Moderna no tendrán una respuesta inmunológica óptima hasta una o dos semanas después de haber recibido la segunda dosis. Es decir, muchos adultos de edad media y la inmensa mayoría de los jóvenes y adolescentes pasarán la primera parte del verano no vacunados o sin haber alcanzado la inmunidad óptima.

 

- Segundo inconveniente: entramos en el verano con muchísimo más virus circulando que el pasado verano, ya que el pasado verano salíamos de un confinamiento estricto y este verano salimos de varias olas que siempre han acabado en una especia de meseta muy por encima de lo deseable en cuanto a contagios diarios, incidencia acumulada y muertos. Como es obvio para todos, la meseta primaveral tras un descenso prolongado pero extremadamente lento ha reiniciado un ascenso que nos acerca a una problemática quinta ola (el pasado año llegamos a tener una incidencia acumulada a 14 días por 100.000 habitantes a fínales de junio por debajo de 10 y este mes de junio casi nunca hemos bajado de 100, 10 veces más, y ya estamos de nuevo bastante por encima de 100).

 

Esta situación plantea dos cuestiones que nos afectan a nivel individual y colectivo: ¿es tan preocupante la situación epidemiológica actual si el virus circula preferentemente entre gente joven que raramente enferma gravemente? Y ¿deberíamos tomar de nuevo medidas restrictivas más estrictas  para controlar la evolución de la pandemia en España?

 

Para la primera pregunta tengo una respuesta ambivalente. Es obvio que las actuales vacunas están cumpliendo de forma brillante su misión y que de momento la población ya vacunada está muy bien protegida frente a las formas graves de la covid-19. Que circule el virus de forma amplia entre gente joven no vacunada que mayoritariamente son asintomáticos o enferman muy levemente no es un problema sanitario grave ni va a estresar a nuestros hospitales en el corto plazo. No sería muy preocupante. Pero aún hay riesgo de que esos jóvenes provoquen contagios en las próximas 6 a 8 semanas entre adultos de edad media no completamente vacunados, y eso ya sí es un problema más serio. A su vez, sí es preocupante que circulen entre nosotros sin muchas barreras cepas como la delta, y lo peor es que esa circulación amplia es el caldo de cultivo idóneo para que surjan nuevas variantes aún más problemáticas. En conjunto pienso que la situación actual sí es algo preocupante y que habría que transmitir a nuestra juventud de forma clara que su comportamiento durante este verano puede no tener demasiada relevancia sanitaria para ellos pero sí puede tenerla desde un punto epidemiológico a medio plazo para todos. Como ha quedado claro en diversos mensajes muy difundidos en redes sociales, es frustrante ver como el magnífico trabajo y esfuerzo de toda la comunidad educativa en España, que ha controlado muy bien al virus en el entorno escolar y universitario durante nueve largos meses, se puede ir al traste por el comportamiento irresponsable de unos pocos  de esos mismos alumnos en unas semanas.

 

Para la segunda pregunta tengo una respuesta contundente. NO. No deberíamos de tomar de nuevo medidas restrictivas más estrictas. Lo observado durante la segunda y tercera olas (en su ascenso y su descenso), incluso durante la pequeña cuarta ola, y en cierto modo lo observado específicamente en la Comunidad Autónoma de Madrid en comparación con otras CCAA, refleja que el problema no está tanto en tomar o no medidas muy estrictas que económicamente son además muy dañinas (en Madrid no se hizo y la evolución de la segunda y tercera olas fue mejor que en otras CCAA), sino en ser capaces de cumplir de manera habitual y sin descuidos las medidas más básicas y sencillas de protección frente al virus SARS-Cov-2. El problema, como he defendido en otros post previos al respecto, no es ni lo que hacemos, ni quiénes lo hacemos, ni dónde lo hacemos, ni cuándo lo hacemos. El problema era, es y será “cómo” lo hacemos. Y ya todos sabemos bastante al respecto (mascarilla-limpieza-distancia-ventilación).

 

Como expongo en un reciente artículo publicado en El Confidencial en mi opinión la situación nuevamente preocupante que vivimos en este momento en España es básicamente consecuencia de falta de responsabilidad en algunos sectores concretos de nuestra población, de falta de realismo al enfrentarnos con esta crisis (de duración inevitablemente prolongada) y de falta de un verdadero liderazgo sociosanitario. Añadamos dos factores en los que muchos “expertos” en virus han fallado, transmitiendo en su momento mensajes equivocados:

 

- El SARS-Cov-2 en ningún momento se ha comportado como un virus estacional, altamente transmisible en invierno y apenas en verano. Se transmitió amplia y silentemente durante el pasado verano entre una parte relevante de nuestra población de edad juvenil y media, creando el caldo de cultivo idóneo para nuestra segunda ola (que generó en torno a 25.000 muertos en otoño). Y el inicio de este verano ya vemos todos cómo está siendo.

 

- El SARS-Cov-2 ni muta tan poco como se nos dijo inicialmente que ocurriría ni lo hace generando variantes menos dañinas, sino al contrario. En buena parte porque desde el inicio de esta pandemia el virus ya se ha comportado como un virus bastante bien adaptado al ser humano, generando un elevado porcentaje de enfermos asintomáticos que facilitan su transmisión. Este virus no necesita “ablandarse” y matar menos para transmitirse más. Ya lo hace con bastante facilidad. Por ello nos enfrentamos justo al proceso contrario: cualquier variante generada al azar (y cuanto más circule el virus entre nosotros más probable es que esto ocurra) que tenga mayor transmisibilidad y mayor capacidad de burlar a las actuales vacunas tenderá a ser seleccionada y a imponerse. Y esto no es teoría ni especulación. Es exactamente lo que ha ocurrido con la variante británica (alfa) y lo que está ocurriendo ahora con la variante delta y es lo que ocurrirá con posteriores variantes si no entendemos que debemos esforzarnos tanto en disminuir la letalidad del virus (de momento, con las vacunas) como su transmisión descontrolada entre nosotros (vacunas más medidas básicas de protección no farmacológicas, es decir, mascarilla, limpieza, distancia y ventilación, haciéndolo compatible con una rango de actividades muy próximo a la normalidad).

 

Hay muchísimas actividades de todo tipo (laborales, educativas, recreativas, deportivas, culturales, gastronómicas, de ocio, etc.) que pueden hacerse con un riesgo extremadamente bajo sin apenas restricciones si usamos en las mismas las mascarillas siempre que debamos hacerlo y guardamos una prudente distancia de seguridad. El aire libre es obvio para todos que dificulta mucho los contagios y la buena ventilación debe ser la regla en los espacios cerrados. Me reitero además en lo que ya he señalado en algún post reciente: al aire libre, cuando uno está sólo o cuando hay garantía de mantener la distancia de seguridad, la mascarilla es innecesaria porque ahí no te contagias. Tan absurdo sería volver a hacerla obligatoria en esas situaciones, por mal que evolucione la pandemia, como pretender hacerla opcional en el resto de situaciones donde el riesgo es mayor mientras mantengamos las actuales cifras de contagios. En todo espacio cerrado (excepto el propio domicilio), en todo transporte público y en todo espacio abierto donde no se pueda garantizar de forma permanente la distancia de seguridad su uso debe seguir siendo obligatorio. Lean el trabajo publicado en Science hace pocos días y entenderán que la mascarilla frente al SARS-Cov-2 nunca ha sido un capricho mientras que su desacreditación al respecto fue, es y será fruto de la mente de simples “iluminados”.

 

Ahora repasemos las imágenes vistas recientemente en reuniones principalmente juveniles de todo tipo, por supuesto en “botellones”, en algunos conciertos, en algunos partidos de futbol, etc. ¿Son situaciones necesariamente de alto riesgo? NO (con la excepción de los botellones). Las convertimos en situaciones de alto riesgo cuando las hacemos sin guardar las debidas (y sencillas) medidas de protección más básicas. Especialmente cuando se pide que se hagan con mascarilla y finalmente se hacen sin ella. Habrá quien diga: no es realista pensar que esas actividades se vayan a hacer guardando esas medidas de precaución, por básicas que sean. Lamentablemente puede que sea así. Y si nuestras autoridades llegan a la conclusión de que es así, sólo hay una opción responsable: que un Comité independiente de “verdaderos expertos” en virus y en epidemiología, nunca un comité ni político ni de políticos, señale cuáles son las actividades considerables como de más alto riesgo de contagio y de más alto riesgo además de que ese contagio sea masivo en nuestro medio, y que esas actividades, ¡pero sólo esas! queden canceladas mientras no se logre reducir la incidencia acumulada a 14 días por debajo de un umbral concreto (entre 10 y 25, nunca más) y que esta decisión sea vinculante, no quede al arbitrio del oportunismo político en ningún caso.

 

Todas las partes implicadas en eventos de riesgo (autoridades, organizadores, asistentes) deben conocer perfectamente las reglas del juego y las normas al respecto e implicarse en su aplicación, y éstas deben ser extremadamente simples y transparentes. De modo que vinculemos perfectamente las consecuencias de todos nuestros actos sobre la incidencia acumulada con las restricciones consiguientes, si fuera el caso. Y las actividades de bajo riesgo deben ser siempre permitidas (aunque manteniendo la obligación de las medidas de protección adecuadas a cada caso) sin sobreactuaciones restrictivas que ya sabemos que causan un enorme daño económico sin un beneficio sanitario significativo.

 

Que tengan todos un buen verano.


www.clinicadermatologicainternacional.com

 


Comentarios

Entradas populares